1958… CORRIDA BENÉFICA EN QUITO, CON UN REJONEADOR Y CINCO MATADORES DE TOROS

Copio del amarillento periódico, “El Redondel”, que vio la luz el domingo 27 de abril de 1958, lo siguiente…

Fracaso del hispano Enrique Vera
La tarde fue para Mario Carrión, quien realizó una gran faena con la muleta

QUITO, Ecuador, 20 de abril. (Por correo aéreo especial para EL REDONDEL).- La postergada corrida a beneficio de los damnificados de la ciudad de Esmeraldas, destruida por terremotos sucesivos, despertó inusitado interés, y en prueba, que el movimiento de taquilla fue muy bueno.

Se lidiaron toros de casta reata de Parladé, del ganadero Arturo Gangotena Escudero, de la divisa de Pedregal-Tambo, que salieron difíciles, sobresaliendo el primero de Pimentel y el último de Carrión. Bernardino Landete se enfrenta al primero, un toro bien armado y arreglado para la suerte; el morlaco no quiere nada con el caballo, le hace ascos, y el rejoneador, que pasa las negras con las banderillas a dos manos, cortas a una sola y rejones de muerte, todo a toro parado. Con los de a pie el animal es alegre, se arranca desde lejos, es pastueño, pero con Landete, nones. Tiene que echar pie a tierra y después de una agotadora faena consigue despacharlo. Jinete y caballo sufrieron un tumbo.

Jerónimo Pimentel. Su primero y único enemigo fue saludado con una larga afarolada de hinojos, y de pie torea por verónicas bien ejecutadas. Vera quita por chicuelitas magnificas y oye numerosos aplausos, merecidos, porque está engranando un buen trasteo, ligado, corriendo la mano en dos naturales que le valieron por todo lo bueno que hizo. Le anotamos ayudados por alto, derechazos en redondo, muy lentos, pero sin estrecharse con el toro, que fue uno de los mejores del encierro; de pecho con ambas manos, molinetes, manoletinas, y sale tropezado. Se cruza bien el matador, y sin razón mayor se precipita, agarrando una estocada defectuosa, alargando el brazo, que causa vomito y alguna desilusión en el soberano. Aplausos y vuelta al ruedo.

El segundo de Pedregal Tambo, de pelaje fúnebre, bien armado, de peso y buena lamina, corresponde a Enrique Vera. Intenta torearlo y nones; lances sueltos, de lejos, sobre piernas. Llega la hora de matar y el toro es el dueño del ruedo. Pierde la cuenta de tantas cosas intenta el matador, que pincha y pincha, hasta que oye la señal fatídica; devuelto al corral. El español no hace caso y agarra dos puñaladas más que inutiliza al bicho. Lo sacrifican en la plaza, el cachetero en funciones, y público a toda orquesta demuestra su censura al matador.

El toro de Mario Carrión es otro negro, bien armado. Lo saluda con verónicas, lentas y suaves. Suenan las palmas, y luego Candelario moja el chuzo y en quites el matador se luce con unas gaoneras, rematadas con airosa rebolera, (SIC). En banderillas destacaron dos pares al cuarteo del mexicano Eduardo Solés, que oye nutridos aplausos. Carrión engrana una faena superior; doblones por ambos lados, trincherazos, y luego ayudados por alto, derechazos en redondo, sin descomponer la figura, ni enmendarse, naturales estupendos. La plaza trepida por la ovación. Luego molinetes de rodillas, pedresinas, y se tira a matar. Un pinchazo entrando en corto y por derecho. Más tela y agarra una delantera, en los blandos, y luego, al primer empuje, descabella. Oreja y la de oro, del señor Presidente de la republica.

Al colombiano Manolo Zúñiga le salió un toro difícil, que echaba la cabeza por ambos lados, Cambió de enemigo y el sustituto no mejoró de condición y tuvo que tragarse el hueso, derrochando valor, pupila y repertorio. Le mató como pudo. Manuel Cadena Torres toreó un bonito ejemplar con el primero lo mejor de la corrida, pero el diestro nacional no convenció a nadie.- Boletero, corresponsal.

NOTA de Noticierotaurino.com.mx… Pretextando lo escrito me permito saludar al matador Mario Carrión, enviarle un abrazo hasta la región noreste de los Estados Unidos deseando la salud por su casa esté a la alza. ¡Un abrazo Maestro!… PJJV.

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