Sergio Martín del CampoCronista Taurino

Con más de media entrada en el coso San Marcos de Aguascalientes, se celebró la sexta novillada de una campaña que cerca está de bajar el telón. A Rosas Viejas le correspondió esta tarde poner el encierro. Fue su partida de gran variedad en tipo. No mala nota dieron los astados, aunque le hemos apreciado mejor ganado en pasadas funciones. Todos fueron a los montados, recargando los más, cumpliendo el resto en la primordial suerte. En juego destacaron los corridos en primero y cuarto turnos. Novillos de alta clase en sus embestidas, fijeza y recorrido que debieron halagar a sus criadores. Ambos fueron aplaudidos cuando el tiro de poderosos percherones llevaban sus despojos al patio de tablajeros. Con un toro –eso era- destacado en comportamiento se abrió la función. Aplaudido fue al aparecer en el ruedo dada la buena presencia que presumió. Su fijeza, excelente estilo y respetable recorrido fueron el basamento de una faena que tuvo sus episodios más brillantes por el cuerno derecho. Pese a que el bicorne acabó amparado en la barrera, el desempeño de Eduardo Neyra (oreja y palmas tras aviso) resultó de buena nota general, culminando con una estocada formidable. Bien y variado toreó con la capa a su segundo, un adversario de grandes virtudes como fueron la clase, la fijeza y el recorrido. Y aunque la labor muletera del joven tuvo entrega y denuedo, tal vez no resultó del todo correcta en son y distancia. Se ocupó más de la figura y las poses que de la sustancia y la hondura de la tauromaquia. Como la estocada tendida y trasera no cumplió con el objetivo, interpretó un cúmulo de descabellos. Dispuesto y entusiasta se dejó ver el zacatecano César Pacheco (oreja y vuelta tras petición). En usando el capote ofreció variedad y en el segundo tercio sostuvo el ánimo, siendo mejor afortunado en los dos primeros pares. Pese a que con la sarga nunca perdió su deseo de agradar e interpretó buenos pases con ambas manos, no llegó a forjar lo que pudiera haberse calificado como una faena cabal. Vaya en descargo del joven, que el viento se manifestó por momentos y que el astado, noble y de buen estilo, fue débil. Sus facultades se vieron mermadas por haberse lesionado al clavar la cornamenta en la arena durante el primer tercio. Terminó el acto con una estocada un punto delantera, pero de brillante ejecución. El modesto juego del quinto se debió, tal vez, a que salió al anillo con una lesión –aparentemente una cornada- en la región baja del costillar derecho. Pronto pegó las pezuñas en el albero, y a pesar que bastante insistió el chaval, bien poco logró. Convencido que nada ya había por hacer, se perfiló y cobró otro espadazo señorial que por sí solo merecía el apéndice que fue negado rotundamente por el juez. La debilidad del tercer bicorne sirvió para que el chamaco aguascalentense Emiliano Robledo (vuelta tras aviso y oreja) destapara y enseñara su inteligencia torera. Pausada y paciente

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