Cada vez tengo más clara mi postura con respecto al temita de las televisiones y el G10. No es que antes no la tuviera, que desde muchos meses antes de que el tema empezase a ser moda, dejé escrito lo que pensaba.

Es que con el paso del tiempo se van afianzando mis convicciones acerca de una historia que se está convirtiendo en una película en la que hay buenos, malos, y muy malos.

Sigo pensando, aunque cada vez más a contracorriente, que los toreros tienen todo el derecho del mundo a vender su imagen por sí mismos. A que no sean otros los que trapicheen con ella.

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