No podía modularse. Valente fue un incontenible rio de pasiones que inundó el ánimo de los aficionados del inicio de los ochentas.

4 de agosto de 1984: “En la ciudad de Torreón muere en accidente de motocicleta Valente Arellano. Irónico deceso luego de que arriesgó con alegría la existencia innumerables veces delante de los pitones de las reses bravas”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 350; www.fcth.mx).

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Sergio Martín del CampoCronista Taurino

Sobre el albero del lienzo charro y plaza de toros “Xonacatique” de la alcaldía de Jesús María, se desenvolvió a las dos de la tarde la Corrida Goyesca de la Feria de los Chicahuales 2022.

La empresa en esta versión ofreció un sugestivo mano a mano entre dos jóvenes coletas hidrocálidos que están hechos dos toreros de altos alcances: Héctor Gutiérrez y Miguel Aguilar.

Al sumar incidencias, Gutiérrez fue quien triunfó al cortar dos orejas –la segunda excesiva-, una a su segundo y una más al tercero de su lote. Pero en su parte, Aguilar firmó una comparecencia torera por demás, en la que se le traslució el oficio, la determinación y el cuajo que en tan poco tiempo de matador ha ganado.

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Ponciano Díaz, el más popular diestro de su tiempo. Aquí en un retrato de estudio en donde se observa con pantalón de aletón, reata en mano, chaquetilla y sombrero, todavía, “achinacado”.

28 de julio de 1889: “Ponciano Díaz se presenta en Madrid realizando suertes del toreo muy mexicanas, incluyendo banderillas a caballo y en pelo” … (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 337. www.fcth.mx). Era un espécimen el nacido en la hacienda de Atenco, primera dehesa, propiamente dicho, organizada en el mundo. Excelente jinete, gran bigote y desgarbada figura, desarrolló también, además de los lances charros de la época, una tauromaquia lo suficientemente atractiva y original como para hacerse notar como primera gran figura mexicana neta. Embonó de manera extraña ambas disciplinas: tauromaquia y charrería. Las vaqueradas las bebió de una cercana y abundante fuente: su padre. Los panfletos de la época reseñan que en España ejecutó muchas tardes el lance al que mejor acabado daba: las banderillas a dos manos y ¡en pelo! Es decir, desprovista la cabalgadura de silla. Equilibrio y piernas prodigiosas es lo que se demanda para semejante suerte. La invención la heredó de otro jinete mexicano egregio: Ignacio Gadea, centauro nacido en la Perla de Occidente, pero radicado en Puebla de los Ángeles. Ninguna hoja acota si llevó caballos de México o se los prestaron en la patria española; de cualquier modo, enorme mérito guarda el asunto. Ponciano fue vástago del caporal de Atenco, Guadalupe Díaz, y la esposa de éste, María de Jesús Salinas; entre bóvidos, équidos, baquetas, reatas y sombreros de muy anchas alas vio la luz primera el 19 de noviembre de 1858. En mayo de 1889 subió al vapor “Alfonso XII” junto con sus varilargueros y también charros Agustín Oropeza y Celso González, para surcar las saladas y salobres aguas del Atlántico desde el puerto de Veracruz y desembarcar en España. Una proeza de llamar la atención, según las condiciones de los años que corrían y siendo además el primer diestro azteca en realizar la tremenda aventura. Los impresos que, para orgullo y agradecimiento de la historia de la madre tauromaquia mexicana, han sobrevivido de Ponciano, indican que en Europa se apersonó profesionalmente en ocho funciones en arenas de España y Portugal. Realmente solo una del octeto se atavió con el traje de seda y brocados: fue en Madrid el 17 de octubre del ya metido 1889. Dos figuras de allá le acompañaron en el cartel: Salvador Sánchez “Frascuelo” y Rafael Guerra “Guerrita”; aquel padrino, éste testigo de la alternativa. “Lumbrero” se llamó el burel que le cedió “El Guerra” y llegó desde los pastos del Duque de Veragua. Así es que Díaz, de tal modo, se convirtió en el primer mexicano en tomar la alternativa en el padre patria. Hasta 1890 reaparece Ponciano ante sus paisanos, ya que cuando retornaba a su país se vio en la forzada situación de parar en La Habana, Cuba ya que las funciones de toros estaban prohibidas en el Distrito Federal. Esta década constituye la del inicio de su ocaso. Al actuar en la capital se dio cuenta perfecta de que

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Los muletazos de Curro no conocieron fronteras. Aquí burila un pase a uno de los “Atanacios” aquella marcada tarde del 22 de mayo de 1972 en la Monumental madrileña.

14 de julio de 1968: “Curro Rivera se presenta como novillero en el coso de Insurgentes; para honrar el acontecimiento corta las orejas a “Platerito” de Javier Garfias, luego regala un séptimo quemado con el mismo hierro y le corta una oreja”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 324; www.fcth.mx).

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El formidable y espectacular diestro americano César Girón. Es un pase por alto ante un burel de Pablo Romero en el coso de Pamplona. Luego de que le retornaran vivo a los corrales a su primer ejemplar, paseó el de cerdas del bicorne de la célebre gráfica.

30 de junio de 1956: “La arena del coso de Burgos se riega con la valiente sangre del fabuloso coletudo venezolano César Girón, consecuencia de que un burel le hiere de manera gravísima”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 301; www.fcth.mx).

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Sergio Martín del CampoCronista Taurino

29 de junio de 1929: “Lidiando novillos de Solís se presentan en Vista Alegre, Madrid Alberto Balderas y José Muñoz “El Negro” logrando abandonar el coso en hombros de los aficionados”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 293, www.fcth.mx).

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Personas de calidad humana abundan en el Atlas de la tauromaquia. El afecto, el respeto, la solidaridad y la empatía para con los semejantes deberían ser valores centrales en toda la humanidad.

Roberto Galán, una vez en Madrid, su natal urbe, soñó con la gloria internacional del toreo, y en estado de aventura se dio a navegar hasta llegar a nuestra patria. Aguascalientes escogió como punto de partida y ha vivido en ella hasta la fecha de firmar las cuartillas presentes. De ello se han cumplido un par de décadas. Y se hizo de un nombre, primero como novillero triunfador y posteriormente como matador de reses de casta.

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