Sergio Martín del CampoCronista Taurino

BUENAS FAENAS DESHONRADAS CON LA TOLEDANA

Ciertamente, la tercia anunciada para la última corrida del serial sanmarqueño, no pudo empuñar gallardetes, como réditos lógicos al mal empleo de los alfanjes que tuvo. El peninsular Antonio Ferrera perdió, quizás, el rabo de su segundo oponente; Arturo Macías “El Cejas” se evitó cortar un auricular de su primero y, tal vez, las dos de su segundo, mientras que, por su lado, Diego Sánchez habría sido evaluado con un apéndice del primero de su lote. Al anillo de la Monumental, que escribió en sus estadísticas más de media entrada, salió un encierro bien presentado anunciado como de Montecristo, aunque dos, primero y tercero, estaban quemados con la marca de Cieneguilla, ganadería hermana de la ya acotada. Excepto el que cerró plaza, todos cumplieron en la importante suerte de varas. En lidia destacaron el segundo, un hermoso ejemplar de pelo castaño, rematado, hermoso de hechuras y que pudiera ser lo más acercado en fenotipo a lo que se entiende como toro de lidia mexicano. Se llamó “Contigo”, No. 38 y de 494 kilos, para el que el respetable batió palmas en el arrastre. Igualmente dio buena nota el cuarto, “Trabajamos”, No. 203 y con 486 kilos de romana para el que se ordenó el arrastre lento. Y finalmente el enrazado quinto, que se anunció en el cartón con el nombre de “Juntos”, No. 213 con 472 sobre el dorso. En honor a su encastado juego, el público desgranó aplausos en el momento de ser sus restos retirados del escenario, empero en atención a la verdad, merecía el arrastre lento. El primero de la última función manifestó dos inconveniencias como para que Antonio Ferrera (pitos y vuelta al anillo tras aviso) hubiera podido realizar algún cuadro trascendente: nula fuerza y basta sosería. De auténtico sartenazo dio fin al desilusionante asunto. Su segundo observó obediencia y acudió, aunque carente de buen estilo, franco a los engaños. Esa única cualidad le fue suficiente al ibérico para diseñar una faena sensacional, bien calibrada, de adornos oportunos, barroca, y completada a la forma de muletazos extensos adicionados con templanza, en los que utilizó todos los palmos del engaño; agregando a ello profundo sentimiento, no sin antes haberla prologado a modo de detalles arcanos al recibirlo en el toreo de percal. Exprimió hasta la última gota del buen burel al que, en mal cuadro, no despachó sino hasta el tercer viaje al modo de estocada caída y tendida y un descabello, perdiendo así la fortuna de haberse visto caminando en paralelo a las maderas presumiendo en su puño el trofeo de cerdas. Muy valiente, y a la vez sereno, se abrió con variedad “El Cejas” (al tercio y vuelta al ruedo) al desplegar el percal. Muy limpio y bien hecho resultó su desenvolvimiento, prólogo delicioso y promisorio al trasteo que formuló sobre ambos pitones, llenando tiempos y espacios con muletazos templados, como pleitesía dedicada a la bravura, nobleza y formidable estilo del toro, al que provocó la muerte según espadazo por demás tendido y al que agregó varios descabellos. De modo espectacular, derrochando agallas y amor propio, recibió de capa a su segundo, un toro enrazado que se entregó a la sarga en embestidas enteras, extensas y poderosas, al que toreó el diestro aguascalentense también entregándose y derramando entusiasmo y variedad, aunque desentonándose en la suerte suprema, logrando sepultar media espada tendida al tercer viaje. El tercero, aunque soso, pasó entero y con franqueza, gracias al estupendo manejo que Diego Sánchez (al tercio y silencio) le imprimió a su tela escarlata, haciendo ver mejor al cuadrúpedo de lo que en realidad era, al proponerle una faena entusiasta en la que hasta pases en redondo hubo y que, por el eco que tuvo entre la clientela, merecía mejor acabado en la suerte suprema, pues pinchó antes de matar con estocada caída a la que se vio obligado a sumar certero descabello. Cerró plaza, y feria, un bonito bicorne castaño, complicado, eso sí; arreaba y lanzaba al final de cada pase, salvajes puñaladas. El joven diestro, entonces, se lo quitó de enfrente exhibiendo decoro y solvencia.

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