Sergio Martín del CampoCronista Taurino

CÉSAR FERNÁNDEZ, UNA OREJA POR SU SANGRE

En esta forma bajó el telón la quinta novillada de la campaña en el rancio coso del barrio del evangelista Marcos de la capital aguascalentense. El chaval hidrocálido no tiene todavía la práctica necesaria para defenderse de las reses de casta. El sexto no le perdonó la deficiencia y le propinó una cornada que, a golpe de la simple apreciación ocular, no fue tan pequeña.

Más de media entrada registró el edificio de la rambla Eduardo J. Correa para celebrarse la quinta novillada de la campaña.

Del ganado se ocupó el amo de San Martín, quien remitió un encierro variado en tipo y comportamiento. Todos fueron a recargar en los petos durante la primordial suerte de varas y en juego el que ha dado la nota alta fue el primero. Se anunció en el cartón como “Pino”, estaba marcado con el No. 229 y dio en la báscula 366 kilogramos. Fue un animal bravo, claro, de mucha clase en sus embestidas y respetable recorrido que, por eso, merecía el arrastre lento, premio que inexplicablemente el juez no ordenó. Se fue inédito el tresañero, pues su presunto lidiador se dedicó solo a pegarle pases con poco son y menor ton.

Extenso y variado se hizo ve con el capote Cristian Iván (palmas y silencio); paulatinamente puso emocionarse y más o menos emocionar por breves momentos; pero llegados a la muleta fue otra cosa. El de Aguascalientes puso afán, sin embargo, el quehacer careció de la profundidad que el astado proponía. Nunca estuvo al grado de su fijeza, claridad, nobleza y recorrido y, como conclusión, lo desaprovechó muy a pesar de algunos buenos momentos y acabó pinchando antes de la estocada delantera y accidentada con un revolcón, batallando luego con la de cruceta.

Se desprendió con valentía para recibir a su segundo, marcando hasta tres largas cambiadas de hinojos en el eje del anillo, dándose variado cuando recuperó la vertical. No obstante, se desmoronó nuevamente al tomar la muleta. Se preocupa y ocupa más de la pose y el adorno que de la sustancia del toreo. Los bovinos de lidia tienen su momento, y el joven dejó ir inédito el estupendo pitón derecho que tenía su adversario. Ni por error aplicó distancia, son y temple, virtudes fundamentales en la tauromaquia práctica. Finalmente acabó su intrascendente actuación dejando tres cuartos de acero delanteros y contrarios.

El segundo, feo de hechuras, fue probón, además, pero el delgado chamaco Cristian Antar (vuelta bajo su cuenta y riesgo y silencio) resolvió el planteamiento con solvencia y gracia y mostrando en ello su buena planta de torero. Siempre bien puso la pañosa y la extendió para alcanzar a dar buenos muletazos por ambos pitones, agradando a la clientela, pero contaminando el trasteo con un pinchazo antes de la delantera estocada efectiva.

El cuarto derramó amargura por todo el redondel. Complejo resultó; lo mismo se ponía por delante que se colaba y salía con la cornamenta en alto; sin embargo, el de la Ciudad de México, con firmeza, buena técnica y decisión logró hurtarle un partido de aprobatoria nota. Se le observó desahogado al novillero y después interpretó estocada delantera y caída.

Se le notó nerviosismo durante toda la tarde al aguascalentense César Fernández (al tercio y oreja), quien tiene una hermosa y enrome oportunidad de aprender aún bastante del ánimo, el temperamento y la técnica de lidiar reses. En el centro de diáfanas incorrecciones, algo se le vio de hechuras y se le incentivó por su disposición y entrega, pues jamás se amilanó. Lo mejor que logró, además de lo escrito, fue su estocada.

Ante el cierra plaza ofreció más de lo mismo. Sus carencias técnicas son evidentes y ello le desembocó al modo de una cornada en la cara anterior del muslo izquierdo apenas al iniciar la segunda serie con la muleta. Ya sangrando y con torniquete aplicado, permaneció en el escenario y, eso sí, mató a su agresor con entrega dejando tres cuartos de la toledana en buen sitio.

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