Sergio Martín del CampoCronista Taurino

Pese a que hubo muchos boletos de obsequio, no dejó de sorprender que la Plaza Monumental de los Herederos de Alberto Bailleres se anotara una entrada que nada lejos anduvo de medio coso. Se trató de la séptima función del serial sanmarqueño; una corrida concurso dedicada a matadores rezagados, o desairados por el sistema o marginados por quien sabe quién, que o quiénes.

Se jugaron seis toros de otras tantas dehesas de la región, de los cuales, por angas o mangas, ninguno se pudo evaluar de por lo menos regular.

Al cerrar el festejo, ociosamente largo, José María Pastor (oreja) fue el mejor librado del trance. Le tocó en el sorteo un bicorne de San isidro que se rajó en la segunda serie muletera. Pero el joven apareció en el escenario mostrando una desbordada alegría. Se encargó de toda la lidia –sobresaliendo el segundo par de banderillas y un quite por gaoneras- y su trasteo lo hizo en la zona del tablero; siempre insistente, le desencajó varios pases apreciables sin desistir en su entusiasmo y coronando el hacer de buen espadazo.

El primes espada, Israel Téllez (palmas y palmas en el de obsequio) veroniqueó decentemente, y con recorte superó sus lances. Todo lo hizo con muy notado entusiasmo y determinación. Luego de bien banderillear, armó la pañosa, y cuando le hizo el efecto del temple y el mando, el de Santa Fe del Campo iba con buen estilo y nobleza. Dio buenos momentos y, aunque sin eslabonar, lo de mayor importancia fue que tuvo al cotarro atento a su desempeño, el cual no pudo terminar bien con el estoque. Ya picado, se le atravesó la puntada de regalar un séptimo, éste de Guanamé, manso, y presentó una labor totalmente intrascendente.

El de Puerta Grande, segundo de la tarde, mucho regateó las embestidas cuando arribó al último tercio. Además, embestía con la paliabierta cornamenta a media altura y se revolvía apoyado sobre las delanteras. Ante ello, Juan Luis Sílis (silencio) se desenvolvió correctamente técnico y eficaz al manejar el engaño, mas no así con la toledana.

Un torillo insignificante apareció en tercer lugar. Venía de los pastos de Montecillos, pero al rematar en un burladero, se fracturó el cuerno izquierdo y fue devuelto a los corrales. En su lugar soltaron uno de Milpillas, fracción de Puerta Grande, espectacular de pelaje -jabonero sucio-, armonioso de hechuras y preciosa lámina; sin embargo, acusó debilidad en el tren delantero y eso mermó su juego. Pero el ánimo, disposición y afán de Nicolás Gutiérrez (palmas) se mantuvieron intactos. Valiente y entregado se dejó observar desde el capote, y con la muleta le apostó fuerte, aunque no encontrándole la muerte al adversario, sino luego de mucho batallar.

Un toro pasador desembarcó Claudio Huerta; fue liberado en el turno de honor y Jorge Didier (palmas tras aviso) no estuvo tan mal con él; que va. Ya hecho un quite plausible, tomó la sarga y hasta corrió la mano muy bien en varios muletazos dignos del olé. El toro no admite error alguno, y con el pitón derecho, aprovechando un descuido del de seda y oro, le levantó de modo malo a la altura del vientre, pero afortunadamente solo fue el susto; el cuerno dicho solo atravesó la tela. Salvó el compromiso con la sarga, empero se evaluó pésimo al empuñar la espada. Del modo que sea, y pese a todo, su actuación no pasará la mojonera de la intrascendencia.

Un torazo cornipaso, criado en la ganadería de José Barba, hizo presencia en sexto lugar. Fue un manso de concurso, para mayores datos, y Manuel Gutiérrez (pitos tras aviso) salió del paso, nadie sabe todavía de qué manera, como pudo. No tiene idea de lo que es la lidia de reses de casta, y de la suerte de matar aún menos. Descoordinación total hay entre él y quienes pretenden “administrarlo”.

“Quieres decirle al hombre necio lo que es, dile bestia de dos pies”.

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