EL PANA SE ENFRENTA A SEIS Y CORTA UNA SOLITARIA OREJA

Domingo 6 de marzo del 2016
Texcoco, Estado de México, Plaza de toros Silverio Pérez
Primera corrida de la Feria del Caballo
Toros: Seis de Manolo Espinosa “Armillita”, cinco de ellos bien presentados para ser Texcoco y una lagartija que se corrió en cuarto lugar. Todos se dejaron meter mano. El quinto tuvo bravura y peligro.

Único espada: Rodolfo Rodríguez “El Pana”. A su primero lo mató de casi media estocada: palmas. Al segundo lo pasaportó de tres pinchazos, entera y múltiples golpes de corta: palmas tras aviso. En el tercero oyó los tres avisos después de dos enteras defectuosas y varios descabellos. Al cuarto de la función le pegó una media que bastó: al tercio. Al quinto se lo quitó de enfrente de un pinchazo, casi tres cuartos de estoque y un par de descabellos: bronca tras aviso. En el que cerró plaza El Pana cobró la estocada de la tarde, una entera en muy buen sitio: oreja.

Los tres sobresalientes. César Delgadillo, Jorge Delijorge y Alfonso Mateos fueron aplaudidos en los múltiples quites que les concedió El Pana.

Entrada, unas dos mil quinientas personas, es decir, menos de media plaza.

Esta primera corrida de la feria de Texcoco iba a ser un mano a mano entre dos veteranos: El Pana y El Breco, pero Miguel Cepeda se cayó del cartel porque se partió la tibia de la pierna derecha preparándose para el acontecimiento.

El Pana aceptó quedarse él solo con los seis toros, y los románticos, contumaces e irredentos seguidores del Brujo de Apizaco presentían el lleno en los tendidos y por lo menos un par de milagros. Tristemente, la gente ya no acudió a agotar el boletaje al conjuro de un solo nombre, como le gusta decir al ídolo tlaxcalteca.

No obstante, los menos de tres mil panistas de hueso colorado aplaudieron a rabiar cualquiera de los doce o quince detalles de su torero a lo largo de la tarde. Pero no todo fueron aplausos y vítores incondicionales, también el cónclave se puso de uñas cuando El Pana entró a matar al quinto sin haber intentado ni un pase. En descargo de Erre Erre diremos que al principio de la faena el toro se le había colado de fea manera al intentar un muletazo en tablas.

Lo rescatable de la encerrona del Pana se dice rápido: algunos muletazos largos y templados en sus tres primeros toros; un trincherazo monumental en el cuarto; algunas sanjuaneras viendo al tendido; dos espaldinas en el quinto; un natural de cartel en el que cerró plaza, y la entera a ley con la que tumbó a ese sexto.

No faltó el toro vivo, aunque algún escéptico vaticinara que al Pana se le irían por lo menos tres al corral. Pero esa tercia de avisos en el tercero de la tarde no hizo la menor mella ni en el ánimo de la gente ni en el filosófico Brujo.

Desgraciadamente, El Pana no puede competir contra sí mismo y no se le vio ni variedad con el percal, ni un quite, ni un triste par de banderillas. Tampoco está ya Erre Erre para arrimarse mucho y buscarle las cosquillas a toros a contraestilo, los cuales a su edad son casi todos los que pueden salir por toriles.

La oreja que le cortó al último del festejo fue pedida por unanimidad como un justo premio nostálgico a que El Pana había logrado matar a cinco de sus seis enemigos y a que no pasamos momentos de gran susto ni hubo percances que lamentar.

Hace ya casi 38 años desde que El Pana acaparó la atención de los aficionados en aquella remota temporada de novilladas del 1978 en la Plaza México. Con toda el agua que ha pasado bajo el puente en esas casi cuatro décadas, podemos decir que el legendario Rodolfo Rodríguez es el torero que más carisma ha demostrado aquí y en China, el de mayor personalidad de todo el escalafón. La tarde de ayer no hubo milagro, pero sus “istas” confían en que el incombustible Pana no se cortara la coleta sin antes volver a sorprender a propios y extraños con un ramillete de genialidades.

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