Cumplo aquí y ahora con mi promesa de comentar la actuación de JOSELITO ADAME en su mano a mano del 31 de Enero con JOSÉ TOMÁS. Porque el de Aguascalientes también estuvo y bastante presente. En la monumental “México” es lo mejor que le he visto. Dando la cara como todo un hombre, un profesional en toda regla. Tomando los riesgos que asumen sólo los grandes; colocándose en el sitio, exponiendo sin regateos e intentando el toreo sincero, puro y honrado. Todo ello, sin embargo, no le alcanza para subir ni un peldaño más. Sigue estando en el puesto respetable que ha conquistado y ya.

Todavía no recupera esa maestría, variedad, personalidad y arrastre de cuando era un niño torero, de cuando no se avergonzaba de quebrar la cintura, de dar seis pases larguísimos por tanda (aunque para ello tendría que enfrentarse a ganado bravo, no como al que tuvo enfrente ese día) y emocionar más que convencer a la concurrencia.

Ojalá algún amigo cercano a él le recomiende que ya no haga ese quite que es de los más espantosos que se han inventado que es el de las “zapopinas”. Pido perdón a su creador MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ “EL ZAPOPAN”, pero quizá él no lo concibió así de horrible y ratonero, con tramposos brincos laterales escamoteando el cuerpo.

Felicito y abrazo a JOSELITO ADAME; aunque también le invito a que, sin dar ni un paso atrás en su brillantísima carrera, procure no quedarse estancado en el lugar ciertamente relevante que ocupa. Lo hago porque estoy seguro de sus enormes posibilidades y porque quiero que el indiscutible respeto que siento por él, se convierta en la admiración que se siente por un artista excepcional. JOSELITO puede, confío en ello.

TALENTO TORERO
Ahora quiero hablar, con emoción de aficionado, de algo brillante que ocurrió el domingo pasado en la “México”, la actuación de un torero al que nunca había visto y cuya trayectoria desconozco: JUAN PABLO LLAGUNO.

Tuvo que remontar la corriente pues lo enfrentaron con la antítesis de la fiesta brava, con toros chicos, débiles y descastados de la ganadería de MARRÓN que proyectaban más ternura y lástima que el terror propio de un toro bravo.

Ante aquellos simulacros de toros pude advertir, sin embargo, una enorme luz. De aquellas que CASI te llenan el gusto taurino (el CASI fue por causa del ganado). Es muy infrecuente en la Fiesta encontrar a alguien en el que se reúnan tantas cualidades valiosas como el ser poseedor de un gigantesco talento torero. Ese talento que le permite colocarse en el sitio exacto, pisando lugares de valiente, sin reponer en exceso entre pases, ciñéndose el astado a la faja, con un genial sentido de los terrenos, las distancias y el ritmo. A esto habrá que añadir que mostró un temple exquisito para no permitir que sus oponentes le engancharan la franela y unas muñecas excepcionales. Temple y muñeca ¡vaya combinación!

Por si no bastara, también dio una clara idea de su sentido de la arquitectura para armar sus trasteos e idéntica capacidad para hacer el toreo por un lado y por el opuesto.

Sí, creo que JUAN PABLO LLAGUNO hizo el toreo; es decir, tirar de los toros y no simplemente pegarles pases.

JUAN PABLO, no obstante, con el acero mostró el cobre. Es un pésimo estoqueador sin la más básica idea de la técnica para perfilarse y hacer el volapié.

Ahora bien, con todo lo ya dicho ¿quiere decir que pronostico que este LLAGUNO será invariablemente una figura del toreo? Por supuesto que no; primero porque el de profeta no es mi oficio y también porque la de torero es una carrera tan llena de imponderables que nadie puede asegurar lo que ocurrirá en la siguiente tarde.

Sólo quise decir que el domingo gocé ver el esbozo del toreo muy bien hecho, con genial talento torero y nada más. Y nada menos.
Correo electrónico: teran.paco@gmail.com

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