Sergio Martín del CampoCronista Taurino

HÉCTOR GUTIÉRREZ TIENE AMPLIO Y HALAGADOR FUTURO. CORTÓ DOS OREJAS EN LA CORRIDA GOYESCA DE JESÚS MARÍA

Sobre el albero del lienzo charro y plaza de toros “Xonacatique” de la alcaldía de Jesús María, se desenvolvió a las dos de la tarde la Corrida Goyesca de la Feria de los Chicahuales 2022.

La empresa en esta versión ofreció un sugestivo mano a mano entre dos jóvenes coletas hidrocálidos que están hechos dos toreros de altos alcances: Héctor Gutiérrez y Miguel Aguilar.

Al sumar incidencias, Gutiérrez fue quien triunfó al cortar dos orejas –la segunda excesiva-, una a su segundo y una más al tercero de su lote. Pero en su parte, Aguilar firmó una comparecencia torera por demás, en la que se le traslució el oficio, la determinación y el cuajo que en tan poco tiempo de matador ha ganado.

En la parte ganadera se publicitó un concurso de tres dehesas: Corlomé, Campo Grande y Villa Carmela, disputándose el trofeo “El Rey de la Dehesa”. Lamentablemente, pero en pleitesía a la señora realidad, ninguno de los astados merecía el gallardete, aunque terminado el festejo se puso en manos de los patrones de la tercera divisa señalada, por el juego que dio el único toro que salió de tal hierro, aparecido en quinto lugar.

Por los demás, y en atención al amable lector que sigue este portal, primero, segundo y sexto fueron de Campo Grande y tercero y cuarto de Corlomé.

Un toro castaño, musculoso y cómodo de pitones abrió plaza; y de principio a fin fue tardo y débil, inconveniencias que evitaron desarrollara el residuo de nobleza que se le palpaba, siendo muy atentos. Pero como el joven hidrocálido Héctor Gutiérrez (silencio, oreja y oreja excesiva) está dominando la práctica del toreo con oficio y desahogo notorios, resolvió el problema sin fatigarse, colocándose por encima del adversario al que despachó eficazmente en la suerte suprema.

Extraña mezcla observó el tercero: cierto nervio, cortas embestidas y resabios para tragar los engaños. Pero Gutiérrez anda sobrado delante de los toros. Imprimió poder a su pañosa, se colocó en la geografía exacta, así fuera esta peligrosa, y de uno en uno le hurtó muletazos que se veían imposibles. El trasteo merecía un gran espadazo, y así lo hizo el diestro, atizando con eficacia y estética la estocada que le valió el apéndice ya acotado.

El quinto en algo admitió el toreo, sin desconocer su sosería. Pero aquello bastó al de seda y oro para dar sentido a su oficio y torería. Se plantó sobre el albero y se quedó tan quieto como una maciza columna, para luego mover la tela escarlata templada y rítmicamente, no sin antes aguantar sereno los muchos parones de una res a la que mató, lamentablemente y en mala hora, de feo golletazo, otorgándosele, de modo absurdo, el otro auricular que le dio licencia de abandonar el inmueble charro-taurino en hombros de los más entusiastas aficionados.

Con buena serie de verónicas y primoroso recorte a la cintura se abrió de capa Miguel Aguilar (al tercio, silencio y palmas) al saludar al segundo de la función. Aunque carente de poder, el cárdeno exhibió clase y nobleza. Bien consciente de ello, el coletudo le propuso la sarga a media altura y con muletazos delicados le desgajó un partido formidable, más no bien coronado con el estoque sino hasta el segundo viaje.

Su segundo, cuarto del festejo, de broncas y medias embestidas sucumbió, sin embargo, ante el poder y la determinación que emanó generosamente de parte del espada, quien no se satisfizo hasta entregar una tozuda labor derechista terminada decorosamente de media estocada en las péndolas.

Hermoso berrendo en ensabanado, alunarado, gargantillo y careto cerró plaza. Fue tan espectacular su pinta como su mansedumbre. Siempre salió suelto de los engaños tratando de indagar la querencia. Pero sobresalió la inteligencia torera del diestro y le arrancó muletazos bien hechos después de haberle dado los adentros frente al portón de toriles. Donde se vio mal Aguilar fue con el estoque, ya que logró la estocada hasta el tercer viaje.

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