Sergio Martín del CampoCronista Taurino

HOY HACE 115 AÑOS
Antonio Montes cae mortalmente herido

13 de enero de 1907: “En LA Antigua Plaza México, el diestro sevillano Antonio Montes es mortalmente cornado por el toro “Matajacas”, No. 42 procedente de la dehesa de Tepeyahualco y proveniente del cruzamiento con un semental de Miura. El pundonoroso trianero fallece el siguiente 17 del mismo mes”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 18; www.fcth.mx).

Así se recorre el telón de la existencia de uno de los más grandes diestros que la vida ha tenido. Marcos grandes y negros los de su trayectoria y final. El dolor físico y moral son la característica de este sevillano que dio el boceto de una tauromaquia loca, absurda e inaudita que luego, otro sevillano, Juan Belmonte, terminara por coronar con sus modos y técnica agresivas a la norma que por muchos años le precedió.

Lamentablemente Montes es recordado más por su último trágico episodio que por la aportación que hiciera a la tauromaquia mundial.

Nace en Sevilla el 20 de diciembre de 1847. Las carencias económicas de su seno familiar le tasan de pobre niñez; no abandonado por ese estado, ya de adolescente, tiene que trabajar como simple oficial de un carpintero no sin intercalar la actividad entre los maderos con los de monaguillo. La madre tauromaquia debe las gracias a su modesta condición, pues ésta, según declaró algunas veces el diestro, le obligaron a aventurarse y probar suerte en la fiesta brava.

Sus cualidades y su mente abierta y rebelde le abren paso en la compleja profesión que abrazó, y el 2 de abril de 1899 firma el contrato para su doctorado. Se lo concede otro Antonio, este Fuentes, y ahí, en el importante coso de su ciudad natal con “Borracho”, ejemplar quemado con la marca de Carlos Otaloaurruchi mientras presenciaba la ceremonia uno de los “Bombitas”, esta vez Emilio Torres.

Antonio Montes, el diestro prebelmontino que está en la carpeta que engrosa el archivo de luto de la Madre Tauromaquia Universal.

Al mes siguiente, el día 11, viaja a la capital de España para presentar sus credenciales como profesional de la lidia de reses de casta. Fue tarde de confirmación, llevando de padrino a Antonio Moreno “Lagartijillo” y nuevamente a “Bombita” de testigo; el burel de la ceremonia fue anunciado como “Tesorero” de la vacada de Pablo Benjumea.

Para 1903 navega el Atlántico y desembarca en nuestra patria. Plena época porfiriana. A partir de entonces su vida transcurre más en suelos aztecas que ibéricos y acompañado por su novia Grace, quien vivió y convivió con la tragedia de su amado.

Y Montes tenía que entroncarse con su mala fortuna. Plaza México de la Ciudad de México; se repetía el cartel de su alternativa sevillana, ahora con toros de Tepeyahualco. Salió al anillo “Matajacas”, segundo de la función. Toro cornalón, con aspecto de asesino y de pelaje cárdeno oscuro. Una serie premoniciones antecedieron al trágico desenlace.

La página “los toros dan y quitan” reseña los angustiantes momentos de la cornada: “Y Montes, con el natural afán de emular las excelencias de Fuentes, en cuanto vio salir de los chiqueros al segundo toro, de Tepeyahualco, acudió a él, haciendo gala de esos arrestos suyos que arrebataban al público. Tan en corto y tan ceñidos fueron los lances con que le burló, que el toro se le metió debajo, le empitonó y le arrojó al suelo, sin más desvío que la taleguilla destrozada, que reparó el mismo Montes atándose en ella un pañuelo. Los aplausos le enardecían, y con valentía que rayaba en la locura, se metió a los quites, alardeando, muy justamente de inacabable temeridad. Y después, en el trasteo de muleta, cada pase arrancaba un grito de entusiasmo y de susto. En el instante de cuadrar, y cuando se disponía el matador a arrancarse sobre el toro, Fuentes notó que el de Tepeyahualco estiraba el cuello, que humillaba, defendiéndose; por lo tanto, había que entrar a matar de cerca y con todos los pies. De ahí su aviso, o no oyó Montes la advertencia o no hizo caso de ella, confiado en su valor. Entró despacio, muy por derecho, con imponente valentía y admirable vergüenza. El toro, que vio adelantar lentamente la figura del matador, no hizo más que alargar la gaita, y cuando Montes le hundía en lo alto del morrillo el acero, le cogió, le levantó en vilo y le enganchó nuevamente, volteándole y metiéndole toda el asta por la nalga izquierda. La estocada era de muerte. Allí mismo quedó el toro sin vida, en tanto que el desdichado lidiador era conducido a la enfermería.

El resto de la historia se sigue escribiendo con tinta especialmente negra. El sevillano entregó su alma al Creador la mañana del día 17 del mismo mes en el interior de una habitación del Hotel Edison de la capital azteca.

Entradas relacionadas