“Zalamero”, desvacado y solo.

HOY HACE 26 AÑOS. “Giraldillo” es indultado en la Plaza México

17 de marzo de 1996: “La dehesa tamaulipeca de Manolo Martínez liga dos indultos en el coso de la Colonia Nápoles, esta vez “Giraldillo” derramó su nobleza embistiendo a la sarga de Jorge Gutiérrez. De tal manera el criadero registra un par de indultos en la Plaza México en solo una semana … (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4, 700 fechas importantes, pág. 112. www.fcth.mx).

Se trataba de bóvidos casi ideales para el torero, pero, quizás, no lo mejor para una fiesta con pretensiones de ser evolutiva, honda y emocionante, que conserve su naturaleza trágica. Manolo Martínez, que había mandado, hecho y deshecho a su antojo y placer en el espectáculo taurino nacional por más de veinte años, se había dedicado, ya inactivo dentro de los anillos, a criar en su dehesa un toro más noble que bravo. Y lo logró. Ejemplares de mucha energía, tal vez consecuencia de unos muy buenos y equilibrados forrajes y, por su puesto con genes excelentes, pues aguantaron “N” cantidad de muletazos. Embestidas de calidad, sin duda, si esta se entiende como el viaje del astado llevando dúctilmente la cornamenta muy abajo y sin “causar problemas” a los presuntos lidiadores.

Fueron “sus toros” un escalón que los diestros consentidos de la empresa taurina azteca –en su mayoría españoles- no usaron para subir, si no para bajar. Entonces vinieron con mayor fuerza los “Bernalditos”, “Fernanditos”, “Teofilitos” y demás sustancias tóxicas.

El diestro de la Sultana del Norte, ya dueño de la situación taurina del país y con una sólida base económica ganada, aunada a la heredada, en 1976 decide dar concreción a uno de sus sueños: inscribirse como criador de ganado de lidia. Pare ello se hace de vientres con los encastes que le habían llevado al pedestal más alto de la torería nacional. Para tener su primer banco genético materno, compra 220 vacas con hierros de San Martín, José Julián Llaguno, Garfias, Valparaíso y Torrecilla, a las que ofreció seis toros padres del primer hierro mencionado.

Aunque ya había tenido la experiencia muy agria y dolorosa con San Mateo –“Borrachón” le partió la femoral el 3 de marzo de 1974-, en 1978 sumó a su manada una vaca y un par de sementales de este hierro.

El 4 de abril de 1981 en la plaza Monumental de la capital de Nuevo León se prueba como ganadero y torero a la vez, encerrándose con seis ejemplares de su propia divisa.

Nada tardó en ir al coso de Insurgentes, y el 6 de diciembre de tal año desembarca seis novillos a lo que estoquearon el aguascalentense Antonio Urrutia, José Alonso y Javier Bernaldo.

Cuatro años más tarde, el 14 de abril, retorna a La Plaza México, pero ahora con una corrida de toros para Gabriel de la Casa, Manolo Arruza y Manolo Mejía.

Sin embargo, sus mayores logros ganaderos se darían durante la década de los noventas. El 27 de noviembre de 1994, otra tarde en el coso de la rambla Augusto de Rodín, salió al anillo “Zalamero”, un bicorne en donde, quizás, se cuajó el ideal de Manolo. Resultó ser un bicorne que fue tras los engaños una, otra y otra vez; no se sabe ya si por bravura, nobleza, inercia u otro factor.

Al final de la larga faena de Mejía, “Zalamero” retornó con vida a las corraletas y fue declarado como el mejor de aquella campaña.

“Zalamero” agradó tanto a la mayoría que pronto, luego del indulto, se comenzaron a realizar las diligencias para clonarlo –un arma con dos peligrosísimos filos-. A los 18 años murió el burel de viejo, pero su material genético fue a dar a un laboratorio de Austin, Texas.

A dos semanas del hecho, el día 11, y en el mismo redondo escenario, de cuenta nueva Mejía obsequió a “desvelado”, otro bovino de características similares a “Zalamero”, al que toreó de modo que el de cerdas fue a dar a sus manos, mientras a los despojos de la noble res se les premió con la vuelta al ruedo.

Para febrero del año siguiente siguieron los éxitos de Martínez; ahora en el coso de Nuevo Laredo, Tamaulipas, ya que, en dos funciones, el 20 de febrero y 24 de abril, respectivamente, los actores –Miguel Espinosa, “El Geno”, Arturo Manzur y Adrián Flores- guardaron en total nueve auriculares y un rabo.

Luego vino el éxito, parte central de la cuartilla presente.

Uno de los últimos triunfos en vida, si no que el último, del “Milagro de Monterrey”, aconteció el 20 de noviembre de 1997; entonces Antonio Urrutia en la Plaza México se encontró con “Pavito”, astado que mereció también el honor del indulto.

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