Joselito, figura de época y maestro.

HOY HACE 25 AÑOS
Joselito abre la Puerta del Príncipe

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

14 de abril de 1997: “Tarde inolvidable para José Miguel Arroyo “Joselito”, pues luego de cortar tres orejas a su lote del hierro de Manolo González, la afición se le rinde sin reservas y le saca a hombros por la Puerta del Príncipe de la Real Maestranza de Sevilla y así lo conducen hasta el hotel al son de las palmas que emitían bulerías. Francisco Rivera Ordoñez también está a la altura y cosecha un par de auriculares. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, págs. 139 y 140. www.fcth.mx).

José Miguel Arroyo Delgado, conocido en la fiesta brava como “Joselito” –severo mote- es uno de los coletudos que se granjearon dos adjetivos: figura de época y maestro.

Un diestro rotundamente internacional. México fue quizás el segundo país en el que alcanzó mayores éxitos y, lo más complejo, se ganó el cariño especial de la afición.

Siendo aún muy joven, pisó suelo azteca y se hizo pronto de un importantísimo nombre en los principales cosos, entre ellos, de modo señalado, Aguascalientes.

El 1° de mayo de 1969, en el seno de familia humilde, es que este diestro ve la luz primera en la capital de España.

Cuando vivía sus mocedades es que, en la Escuela de Tauromaquia del propio Madrid, comienza su aprendizaje en la lidia práctica de reses de casta, y se le comienza a identificar bajo el mote de “El Lentejita”.

El 8 de septiembre de 1983 debuta como novillero con varilargueros en el coso de Lerma, enfrentando utreros del hierro de Salustiano Galache.

Para 1985, el 3 de mayo, es que debuta como novillero en la Monumental del barrio de Las Ventas; ahí se las ve con reses de Martín Peñato alternando con Pedro Lara y Rafael Camino.

De ahí engranó una etapa novilleril exitosa tanto en número de festejos como en orejas cortadas y, lo más importante, provechosa para su evolución como torero.

En 1986, el 20 de abril y con un nombre bien reconocido en la hoja menor del escalafón ibérico, va al coso de Málaga para recibir la borla de matador de toros. Dámaso González, valiente como él solo, hace de padrino, mientras que Juan Mora, coletudo clásico, de testigo del protocolo. Para señalar doradamente el acontecimiento, corta una oreja al primero de la tarde, toro de su alternativa, “Correrías”, proveniente de la vacada de Carlos Núñez.

En mayo del mismo año, justo el día 26, se apersona en Las Ventas nuevamente, ahora para ratificar su título profesional, llevando de padrino a Curro Romero y de testigo a Paco Ojeda. Apuntaba alto, y disparó. Esa función logró cortar un apéndice de un toro de la divisa de Aldeanueva que se anunció en el cartón como “Cotidiano”.

Su primer año de matador lo dedicó a presentar sus grandes capacidades en cosos como Valencia, Burgos, Salamanca y Granada, entre los principales.

Contaba apenas con 17 años de edad.

Con formidable ambiente en Madrid, es contratado para el día grande de la Feria de San Isidro, 15 de mayo. Era su estilo del que gusta a aquella exigente, y muchas veces, intransigente afición: serio, ceremonioso, reposado y de exposición “discreta”. No obstante, le esperaba un bloque doloroso y dramático. “Limonero”, torazo de Peñajara que elevó la aguja de la pesadora a los 697 kilogramos, le propinó una cornada que pudo haber sido de fatal desenlace. La herida se le registró en la parte izquierda del cuello, de diez centímetros de profundidad, fracturándole, de paso, la clavícula del mismo lado. Este severo y peligros percance le obligó a causar baja un par de meses.

La crítica, en su momento, declaró que aquel percance había cambiado positivamente la tauromaquia del madrileño. Él mismo externó: “Cuando llegó aquella primera cornada, vi que no me venía abajo y ahí cambió mi toreo. Se hizo más reposado, más real. Se acabó aquel Joselito que lo hacía todo acelerado”.

José Miguel Arroyo Delgado, en 1987, se consolidada como un diestro con alma, capacidad, temperamento y carácter más que suficientes para tirar del tren y de soportar el dramatismo y bárbaro perfil de la fiesta. El 22 de mayo en Las Ventas, atestigua como su banderillero, Antonio González “El Campeño”, es cornado mortalmente por un bicorne de los agostaderos de Antonio Arribas. Finalmente, pese a todo, firmó el año con 54 tardes.

Joselito, figura de época y maestro.

A despecho de que la temporada de 1989, al analizar su total, no fue la deseada, obtuvo un triunfo importante en La Monumental madrileña al desorejar a “Cordobano”, bravo toro de los pastos del célebre Atanasio Fernández. Por su puesto que el corolario de la función fue su salida a hombros por la Puerta Grande.

Ese año en Aguascalientes, el 29 de abril y dentro de la Feria de San Marcos, alterna con David Silveti y César Pastor en la lidia de seis torazos de Claudio Huerta. Esa tarde quedó inundada de torería. El encierro traía adornada la testa con amplios y respetables pitones. Aunque ninguno de los ejemplares llegó a los 500 kilos, su edad y trapío resultó incuestionable.

Su primer antagonista, castaño obscuro de capa, llegó a la muleta muy unido al albero; Joselito entonces, con una verticalidad y tranquilidad pasmosas le extrajo los muletazos increíblemente. El burel pasaba con una eternidad angustiante mientras el esteta aguantaba y templaba los muletazos sorprendiendo a todos. Hecha la faena, se fue tras el acero y lo dejó en su mitad en buen sitio, empero la bestia se amorcillo y luego se vio algo irrepetible: El madrileño ordenó que se taparan las infanterías, se metió entre los pitones, plegó la sarga en su brazo siniestro y extrajo el alfanje; una vez fuera del cuerpo de la res, deslizó la punta del arma por sobre todo el morrillo y, cuando llegó aquella a la cerviz, asestó el golpe de descabello provocando que la mole de carne se derrumbara a sus pies. Todo esto lenta, muy lentamente. El cotarro no tuvo más remedio que levantarse de sus escaños, aplaudir estrenduosamente y albear los pañuelos en demanda de la oreja que fue concedida.

Posteriormente se la jugó con su segundo, “Sanmarqueño” de nombre y de punzantes pitacos veletos. Al estar penduleando la pañosa rodilla en tierra, cuando el burel se había apencado en las maderas, en un alarde, Joselito se volteó para rematar la serie, y ahí vino una grave cornada en el perineo. Pese a que no pudo estoquear al agresor, se le concedió un auricular. Aguascalientes estaba conquistado.

1990 le esperaba para ceñirle los laureles, definitivamente, como figura, muy a pesar de no haber comparecido en Madrid; sin embargo, tardes exitosas en Bilbao, Málaga, Granada, Badajoz, Alicante y Barcelona terminaron por consolidarlo.

La Prensa comprada, vendida y prostituida propagó y declaró una rivalidad entre Joselito y Enrique Ponce, supuestamente forjada en 1996. Ambos compartieron cartel en la plaza de la “Ciudad de los Deportes” y, también ambos, lograron un rabo cada uno. Aquel acontecimiento derivó en que, durante la temporada ibérica, básicamente, alternaran múltiples tardes en diversos cosos.

El 2 de mayo el madrileño da la cara en Las Ventas encerrándose en corrida goyesca. Lo que realizó en el anillo José fue indescriptible; quede como suma que guardó en su espuerta seis orejas –algo diabólicamente difícil que se

llegue a igualar- y, lo más torero, despachó a sus seis antagonistas de seis soberbias, señoriales y certeras estocadas. De siempre se dejó observar como uno de los más grandes estetas en la suerte suprema.

No satisfecho, dos semanas después del acontecimiento, volvió a salir Por la Puerta Grande venteña.

La pregunta es: ¿Cómo le respondió Ponce? …

Otro triunfo sensacional lo cuaja en La Real Maestranza sevillana; esto el 14 de abril de 1999, logrando salir por la Puerta del Príncipe.

Vinieron luego a su vida torera varios percances. En la función sevillana acotada, se lesiona la muñeca, pero el decisivo para retirarse de la profesión, se dio en el coso de Nimes, Francia el 17 de mayo del 2002, cuando un toro le provoca la fractura del fémur. Para febrero del 2004, cumple su promesa, aunque vuelve a torear en Istres el 31 de enero del 2014, lidiando toros de Garcigrande, de cuyo lote corta cuatro orejas y dos rabos.

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