HOY HACE 40 AÑOS
Se vive “La Corrida del siglo” en la Monumental de Madrid

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

1° de junio de 1982: “Se da en Las Ventas de Madrid la llamada “Corrida del Siglo”; se jugó un encierro de Victorino Martín, del cual Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar se reparten a maneras iguales seis orejas, después de lo cual toreros y ganadero atraviesan la Puerta Grande a hombros de la afición delirante”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4, 700 fechas importantes; pág. 269. www.fcth.mx).

Fueron tres coletudos poco identificados en México. Al primero muy escasamente se le vio, al segundo apenas se le conoce porque confirmó la alternativa, de modo gris, en el coso de la “Ciudad de los Deportes”, y el tercero anduvo por ahí, actuando con más pena que éxito en algunas plazas aztecas. Ello, sin embargo, no les demerita la torería que derramaron en las arenas en las que expusieron sus respectivas recias y descarnadas tauromaquias.

Victorino Martín comenzó formalmente sus andares ganaderos en 1965. Cinco años antes, el propio Victorino y sus hermanos, Adolfo y Venancio, criadores de manso en la zona de Galapagar, fueron requeridos por los titulares de Escudero Calvo para que administraran la dehesa. Las cosas económicas no marchaban bien a los Escudero Calvo. El ganado que correspondía a Florentino lo adquieren los Martín Andrés; comprendía tanto reses de lidia como de abasto y hasta caballar. Con el nombre aún de Escudero Calvo Hermanos, lidiaron su primer encierro el 30 de abril de 1961; fueron seis novillos jugados en el coso de Zaragoza.

Ya para el 27 de agosto del mismo año, remiten una corrida de toros para que fuera inaugurada la plaza de San Sebastián de los Reyes. El cartel fue confeccionado con Antonio Bienvenida, Antonio Chenel “Antoñete” y Curro Montes. La función fue exitosa, ya que los dos Antonios abandonaron el nuevo circo en hombros.

Una vez hecho un examen, Victorino seleccionó, del propio hierro de Escudero Calvo, tres toros padres para mantener la casta de su nuevo ganado: “Minerito”, “Hospiciano” y “Carminero”.

Su proyecto y decisiones ganaderas se ven recompensadas el 19 de junio de 1965, ya que los novillos desembarcados, aún con el título de Marqués de Albaserrada, en Las Ventas, ofreció un juego de nota aprobatoria.

A partir de 1967, el criadero se comenzó a anunciar en los carteles como Victorino Martín.

La siguiente propuesta será para algunos “ganaderos” mexicanos ciencia ficción, para otros, grosería y, para otros tantos, herejía y para algunos más algo que por sus dimensiones taurino-intelectuales, simplemente no les cabe: Victorino Martín, inteligente, sin duda, es uno de los mejores ganaderos de todos los tiempos; constituye un trazo sobre el cual pudiera caminar, sin miedo a perderse, cualquiera que pretenda explotar ganado de lidia que mantenga viva la tradición taurina en el planeta que aún llamamos tierra. Tuvo un alto, cabal, recio y firme concepto de la bravura, como pilar central sobre el cual descansa y se mantiene la médula de la fiesta brava. Hoy, ese concepto lo continúa su hijo.

Más que conservar el encaste con el que inició su trayectoria –Santa Coloma, vía Albaserrada-, lo evolucionó y generó “su propio encaste”.

Toros negros y cárdenos son en su mayoría; largos, bien encornados, con personalidad y, sobre todo, muy encastados.

Ganaderos mexicanos –varios bien identificados por los aficionados-, tomen nota.

El 1° de junio de 1982, lo expuesto en renglones anteriores, quedó aplastantemente demostrado.

Las crónicas de aquel suceso –“La Corrida del Siglo”- coinciden en tasar el encierro de Victorino como muy parejo en lidia; bravo y encastado fue. Partida de reses sensacional, de esas que, sobre todo en la Monumental del barrio de Las Ventas, muy, pero muy poco salen.

Palomar fue el que mejor pudo expresarse con la capa y trazar los muletazos más templados. Esplá, por su parte, dejó en el anillo trasteos llenos con detalles de hondura torera y, en su momento, Ruiz Miguel también selló sus labores con formidables series impregnadas de sabor muy recio y no menos clásicas.

Esplá brilló más aun teniendo delante a su segundo; la labor fue completa, realizando quites, banderilleando, sobresaliendo el tercer par que fue por dentro, y luego cuajando un trasteo derechista completado por pases en los que extendió sin reservas el brazo. Las dos orejas del bóvido fueron a dar a su cuenta.

Palomar, diestro igualmente completo, apegado a las clásicas normas de la tauromaquia práctica, forjó faenas mandonas, no sin antes haberse visto con enromes facultades al adornar los morrillos de sus oponentes y, como premio, izó una oreja de cada uno de sus adversarios.

El final de la tarde fue la salida a hombros de los tres actores, el criador Victorino Martín y el mayoral de éste.

Entradas relacionadas