Martínez achicó al toro, como lo han hecho muchas figuras a lo largo de la historia mundial de la fiesta.

HOY HACE 42 AÑOS
Manolo Martínez desoreja a “Mira Como Voy”

Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

20 de enero de 1980: “El Milagro de Monterrey”, Manolo Martínez se entronca en el nimbo de la Plaza México con “Mira Como Voy”, toro quemado a la marca de San Martín al que desoreja en recompensa a una faena de vigas formidables como fueron su maestría y su perfil artístico”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4, 700 fechas importantes, pág. 25. www.fcth.mx).

Esta cuartilla no es para justificar absolutamente ninguna de las chapuzas que han denigrado y prostituido a la llamada “fiesta más hermosa del mundo”. No soy publirrelacionista ni pagado por ninguna empresa.

Cosa cierta es que Manolo Martínez no ha sido el único en achicar al toro. Más cierto es que no fue el que le restó casta, mal sistemático que hoy amodorra lo que nos va quedando de espectáculo, todavía, taurino.

Se tienen documentos fílmicos de muchas de las faenas notadas que el “Milagro de Monterrey” buriló sobre la arena de la Plaza México. Por ahí está la referida en esta plana cibernética. Bóvido sí, noble, pero por lo menos se le contaron muchas embestidas. Los astados de Martínez tenían movilidad y demandaban el talento lidiador de quienes les enfrentaban.

Cuando el de Monterrey se fue de la fiesta oficialmente –retornó brevemente para causar penas- quedaron como amos de la fiesta Miguel, Jorge y David, y entonces se declararon poderosamente los mayores enemigos de ella: Bernaldo de Quiros, Teófilo Gómez y, en un poco menos enconado, Fernando de la Mora. Con semejante trío pueden estar tranquilos los conjuntos de sociedades “protectoras de animales”.

Las reses lidiadas en los diversos cosos de esta tan apaleada patria, fueron pasando gradualmente de lo noble a lo manso. Las faenas, si así se les puede

llamar, eran luego hechas a reses paradas que, cada venida de obispo, pasaban como borregos siguiendo una mata de forraje.

Hubo una tarde en que, ya los clientes de la plaza Augusto de Rodin endiosados con Gutiérrez, éste trataba de extraer un pase a una res con alma de asno proveniente de cierto criadero ya acotado en rayas anteriores; el hidalguense, al ver que su supuesto oponente no iba atrás de la pañosa, comenzó a acortar las distancias. Llegó el momento en que prácticamente estas desaparecieron y, arribó otro momento altamente contradictorio, impactante a golpe de primera vista pero realmente lamentable: el bovino aquel ¡lamió la taleguilla del coleta quien, ante la atónita mirada de los presentes, permaneció impávido! Para la mayoría demostró, por una parte, impúdicamente un denuedo sobrecogedor, pero la realidad es que, por otra, exhibió la enorme mansedumbre del ungulado aquel. Imposible en una res de casta un comportamiento así…

Por años se culpó a Martínez –hoy algunos despistados le siguen culpando- de los vicios que sofocaron la fiesta posterior a su reinado. El México taurino se encadenó, apegó y sufrió de su pasado. Es muy del mexicano vivir de semejante mal.

Lo que nos va quedando de patria tiene elementos, oportunidades y materia humana para evolucionar, progresar y engrandecerse en materia taurina, sin embargo, los que la mal administran continúan replegados a los vicios y a la pésima fórmula que practica la sólida y poderosa mafia taurina.

Las mismas mansas ganaderías con los mismos toreros chiqueados producen una deplorable, desgastada y tediosa oferta de espectáculo.

Morante de la Puebla ha tenido momentos formidables a lo largo de su carrera, aquí y allá, pero hoy padecemos un Morante que ha creído en sus propias mentiras y, lo más grave, las ha hecho creer a los melosos asistentes a sus corridas. Dupla infame –Morante y Teófilo- son estética agobiante que carece de emoción y sentido, esa savia ritual que le da esencia a la vida y la muerte, entes que se deben mezclar irremediablemente en un espectáculo que cerca está en América de cumplir medio milenio.

Martínez achicó al toro, como lo han hecho muchas figuras a lo largo de la historia mundial de la fiesta.
Martínez achicó al toro, como lo han hecho muchas figuras a lo largo de la historia mundial de la fiesta.

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