Don Mariano, un ganadero de “los de antes”.

HOY HACE 42 AÑOS
Martínez corta el rabo a “Tejoncito” de Mariano Ramírez

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

3 de febrero de 1980: “Manolo Martínez corta el rabo de “Tejoncito”, toro bravo verdaderamente y criado en la jalisciense de Mariano Ramírez. El hecho se suscitó en el coso más grande del mundo”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4, 700 fechas importantes, págs. 55 y 56. www.fcth.mx).

Este no fue el único éxito que logró el de Monterrey ante toros de la casa jalisciense. Llega volando en las hojas de la historia del espectáculo taurino y arriba a la memoria “Príncipe”, por ejemplo.

El trasteo fue de aquellos –el de “Tejoncito”-; el de un Manolo de los ochentas que se hallaba más que maduro; absoluto monarca de su arte, sapiencia, facultades y señorío, mezclados con sus abusos y atentados hacia la entidad de la fiesta. Sus muletas absorbían y subordinaban la salvaje naturaleza de los bureles para acabar entregando piezas clásicas, toreras y ejemplares.

Faena muy de otro modo a lo que actualmente, en global visión, se elogia: “torillos pasadores, sumisos y actores de muchas poses, melosos y modosos”: algo en lo que Ponce es maestro.

Don Mariano Ramírez tenía un alto concepto de lo que es el toro bravo: El que da emoción y demanda talento a quienes le enfrentan. Fue de la estirpe, hoy casi desaparecida o, por lo menos, disminuida, de los criadores que se pudieron bien tasar de majestuosos.

Los potreros de Don Eduardo N. Iturbide –el llamado ganadero poeta y cofundador de la gloriosa Pastejé- necesitaban algunos proyectos para mejorar el bienestar de sus reses; Don Mariano, ingeniero civil de profesión, fue quien dio concreción a tales aportaciones y en pago, según acuerdo de ambos, fueron una treintena de vientres y dos toros padres. Con semejante genética fue como el ingeniero arrancó su labor ganadera.

Cuando corría el año de 1952, Don Mariano somete a prueba los productos de aquella cruza.

Satisfecho, se intuye, con los hasta ese momento logrado, embarca seis bicornes para presentarse como criador el 12 de diciembre de 1953 en el coso de Irapuato, Guanajuato, en un cartel en el que se leía la tercia de actores: Luis Procuna, Jesús Córdoba y Manuel Calero “Calerito” con seis de San Antonio, como se llamaba la incipiente dehesa.

Tres años más debía esperar el pundonoroso ganadero para presentarse en el coso de la avenida Insurgentes de la capital mexicana. Y al imponente edificio va con seis utreros el 14 de octubre de 1956. Era novillada de la campaña de aquel año y el cartel fue formado con Paco Ortiz, Héctor Luquín y Chano Ramos. Nota buena sacó el criador como primera inscripción sobresaliente en los libros de su finca, ya que los despojos de “Cabrillo”, No. 43 y de 410 kilos, según cartón anunciante, fueron halagados con el arrastre lento.

A pesar del éxito, Don Mariano, exigente con su “yo ganadero”, ese mismo año vende prácticamente todas sus reses a Don Gustavo Álvarez Alba y, al poco tiempo, merca el cincuenta por ciento de la dehesa de Zotoluca, otro hierro célebre en el cosmos taurino azteca y derivado de la no menos dorada Piedras Negras.

A partir de ahí se comienza a grabar en las fojas de la fiesta como todo un ganadero brillante.

Dio, por medio de la genética, asunto que manejaba esplendorosamente, personalidad a sus toros. Cárdenos en su mayoría; largos, bien conformados y rematados y, lo mejor, encastados y con nobleza por descubrir cada diestro que los enfrentaba.

Don Mariano Ramírez, ganadero de “los de antes”…

Entradas relacionadas