Paquirri estoqueando al torazo que se llamó “Buena Suerte”.

HOY HACE 43 AÑOS
“Paquirri” impacta en Madrid

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

24 de mayo de 1979: “Tarde de alto relieve en Las Ventas de Madrid; el pundonoroso Francisco Rivera “Paquirri” corta tres orejas, argumento suficiente que le abre la Puerta Grande del coso, saliendo por ella en hombros de una afición que vio como el valiente de Zahara de los Atunes cuaja a “Buena Suerte”, un trasteo con el cimiento de la valentía y verdad descarnadas e impresionantes. Los restos del burel, ya sin orejas, merecen la vuelta al ruedo como galardón a su excelente juego, por lo que es considerado uno de los más bravos que han salido a la arena del circo madrileño, para honra de la fiesta, de la crianza del toro de lidia y para su casa, Torrestrella. Las tinieblas de la tarde envolvieron a Palomo Linares que resulta gravemente lesionado en las cervicales, y por su lado el maestro Santiago Martín “El Viti” viste por vez última en su existencia torera el traje de seda y alamares dorados en el coso máximo del planeta”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4, 700 fechas importantes, www.fcth.mx, pág. 233).

Fue, que ni duda, una de las tardes más brillantes del espectacular coletudo gaditano.

Paquirri estoqueando al torazo que se llamó “Buena Suerte”.
Paquirri estoqueando al torazo que se llamó “Buena Suerte”.

Francisco Rivera Pérez “Paquirri” estrujó con su hacer dentro de los ruedos, pero, lamentablemente, más aún con su torerísima muerte. Pasó ésta el 26 de septiembre de 1984 en la localidad cordobesa de Pozo Blanco cuando, ataviado de negro y oro, “Avispado”, toro pastado en los agostaderos de Sayalero y Bandrés, le empitonó durante el primer tercio, le trajo colgado instantes eternos en la faca y lo soltó ya cuando le había arrancado la femoral. Lo que siguió es de todos los taurinos conocido, y de ello se ha hablado y escrito hasta enfadar.

El toreo de hinojos es poco aquilatado entre los conocedores; se arriesga mucho y muchas veces no se gana nada. Además de ser, sobre todo, escandaloso. Las largas cambiadas de “Paquirri”, ya en los medios para dar las buenas tardes a un bicorne, ya a portagayola, ya al hilo del tablero, fueron incontestables.

Una tarde antes, el 23 de mayo de aquel 1979, año de su consagración como figura del toreo, había cortado una oreja en Las Ventas. Pero llegaría la del 24. La función generó una expectación tremenda y, por supuesto, el coso registró un lleno hasta las canales.

“Paco”, como le decían sus allegados, cortó un apéndice al tercero, primero de su lote. No obstante, el triunfo rotundo se dio con el sexto, un imponente y poderoso “Torrestrella” que llegó a la muleta derramando huracanadas embestidas y una incomodísima prontitud.

Toro muy serio, con categoría indiscutible, como todo el encierro de Álvaro Domecq.

Hecha la faena, se perfiló con decisión de miedo, montó la espada y se fue a cobrar un volapié como lo hacen los hombres: por derecho y sin ventajas.

Nada más que decir…

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