Manolo Martínez ¿“Borrachón” le quitó la honradez?

HOY HACE 48 AÑOS
Gravísima cornada sufre Manolo Martínez

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

3 de marzo de 1974: “Manolo Martínez sufre la cornada más grave de su carrera, se la infiere “Borrachón” de San Mateo cuando lo pasaba de muleta en la plaza más grande del mundo. Al “Milagro de Monterrey” dos veces se le detiene el corazón en la enfermería”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4, 700 fechas importantes, pág. 101; www.fcth.mx).

Muchos y mucho han dicho que Martínez, quien me genera siempre sentimientos encontrados, después de esta cornada ya no fue el mismo: “Se dio cuenta que los toros también pegaban”, “se comenzó a administrar”, “ya no fue torero de todos los toros”, “empezó este cuento del torito chiquito”, “entró Chafick con sus malos manejos”, etcétera, etc.

Las biografías de Martínez y los análisis que están impresos referentes al percance centrado en la efeméride, hacen notar que el de Monterrey estaba soberanamente presionado aquella temporada y, especialmente, aquella tarde. La boca de alguno se atrevió a afirmar que llegaría la gran faena o llegaría la gran cornada. Y llegó esta última.

Manolo Martínez ¿“Borrachón” le quitó la honradez?
Manolo Martínez ¿“Borrachón” le quitó la honradez?

Cuando “Borrachón”, el sanmateíno, lo soltó, la sangre fluyó incontenible del muslo, según gráficas y tomas de video oportunas que aprisionaron los momentos. Con cierta rapidez, las asistencias, entre las que se contó al entonces monosabio y posteriormente cronista taurino Juan José Guerra, lo levantaron y lo condujeron a la enfermería. Ahí le atendió el célebre galeno Xavier Campos Licastro, quien le salvó la pierna… y la vida, pese a que a Manolo dos veces se le detuvo el palpitar de su corazón. La intervención del médico fue una de las más famosas de las muchas que realizó a infinidad de toreros. El pitón siniestro del toro había seccionado la arteria y vena femoral profunda.

La cabeza de “Borrachón” fue disecada y pendía de uno de los muros del consultorio de Campos Licastro, pero un mal día éste se incendió y entre las cosas valiosas que ahí se guardaban, la cabeza fue una de las que devoró el fuego.

Mal fario o no, lo cierto es que aquella función fue la número 13 de la campaña 1973-1974 y “Borrachón”, segundo de su lote y cuarto de la tarde, estaba quemado con el 13. El cartel se completó con el ibérico José Mari Manzanares y con el charro-torero Mariano Ramos, quienes despacharon seis bicornes de la gloriosa dehesa zacatecana de San Mateo.

Manolo había caminado en el paseíllo hasta en seis ocasiones durante la campaña narrada; es decir, en la mitad de los carteles se anunció y, para su desgracia y mayor peso, nada había logrado de interés el coletudo de la Sultana del Norte. No tenía en su haber un solo apéndice y sí que en su debe dos toros retornados a las corraletas. Uno de ellos fue “Huapanguero”, de la vacad de Reyes Huerta. Entonces sucedió la popular anécdota entre el juez Jesús Dávila y Manolo; aquel le remitió el primer aviso cuando éste apenas intentaba meter en la bamba de la sarga al burel; encorajinado, consonante con su temperamento, el espada se aposentó en el burladero de matadores y dejó correr el reloj para que le mandaran los otros dos trompetazos. Luego sucedieron varios hechos en el escenario, mismos que merecen otras páginas.

Luego vino la tarde del percance dicho; posteriormente, Manolo recuperado, la otra etapa en la que se puede dividir su trayectoria en los redondeles, de la cual el amable lector tiene el mejor juicio.

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