Los muletazos de Curro no conocieron fronteras. Aquí burila un pase a uno de los “Atanacios” aquella marcada tarde del 22 de mayo de 1972 en la Monumental madrileña.

HOY HACE 54 AÑOS
Se presenta como novillero en la Plaza México Curro Rivera

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

14 de julio de 1968: “Curro Rivera se presenta como novillero en el coso de Insurgentes; para honrar el acontecimiento corta las orejas a “Platerito” de Javier Garfias, luego regala un séptimo quemado con el mismo hierro y le corta una oreja”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 324; www.fcth.mx).

Aquella función fue la decimoquinta de la serie en el coso de Insurgentes, y alternaron con Rivera Mario Sevilla hijo y Arturo Ruiz Loredo.

Según crónicas de le época, Curro tuvo un debut arrollador.

“El cite psicodélico” fue un adorno que el vástago del maestro Fermín inventó durante una tienta en la dehesa jalisciense de su padre, La Alianza se San Fermín, cuando una becerra se tornó distraída en demasía; entonces Curro, creativo y deshinibido, para tratar de fijarla en la franela, comenzó a blandir ésta sobre su cabezas y cuerpo, logrando la atención de la res y provocando su embestida; una vez en su jurisdicción, presentó el engaño y ejecutó el pase a firme pie. Semejante adorno usó nuevamente en su presentación en la capital, generando, obviamente, la polémica encendida entre aficionados y críticos. Porque después de aquella extravagante propuesta venían los episodios de toreo largo y templado.

El Curro entusiasta y de los muletazos que no conocían fronteras, arribó al coso de Torreón para recibir la borla de matador de toros de parte de Joselito Huerta en presencia de Jaime Rangel; fue el 14 de septiembre de 1968 y el nuevo profesional no cumplía los 17 años de edad.

Para la campaña azteca de 1969 consiguió hacer el paseíllo hasta en 42 tardes, asegurando el segundo puesto del escalafón.

Estaba llamado a ser uno de los diestros mexicanos más internacionales, y para ello viaja a España por vez primera en tono profesional en 1971, ya con la confirmación en la Plaza México, protocolo sucedido en el 1969 acotado.

El 18 de mayo despeja cuadrillas en la Monumental de Madrid, en medio de dos figuras: Antonio Bienvenida y Andrés Vázquez, padrino y testigo, respectivamente, de la confirmación del azteca. Para honrar tan importante fecha en su vida torera, corta una oreja y, lo mejor, gusta a los intransigentes aficionados de la capital ibérica.

A la semana de la primera exitosa comparecencia reedita el triunfo con el corte de otro apéndice, ahora alternando con otras dos figuras muy apreciadas en el coso venteño: Antonio Ordóñez y Paco Camino.

Pero seguramente su mayor triunfo en el edificio más importante del Atlas fue la polémica tarde en que arbitrariamente a Palomo Linares le otorgaron un rabo. Era el 22 de mayo de 1972 y en el departamento de toriles estaba una partida quemada con la figura ganadera de Atanasio Fernández.

Los muletazos de Curro no conocieron fronteras. Aquí burila un pase a uno de los “Atanacios” aquella marcada tarde del 22 de mayo de 1972 en la Monumental madrileña.
Los muletazos de Curro no conocieron fronteras. Aquí burila un pase a uno de los “Atanacios” aquella marcada tarde del 22 de mayo de 1972 en la Monumental madrileña.

Vázquez consigue una oreja luego de expresar su toreo clásico y limpio, Linares, se dijo ya, en actitud triunfalista levanta el de cerdas de “Cigarrón” luego de una faena efectista y plataformada con rodillazos; empero “Agarroso” y “Pitito” fueron a dar al papelillo del mexicano, quien aprovecha las cualidades de cada uno y los desoreja, hazaña no conseguida por mexicano en la historia de Las Ventas. Curro y Linares atraviesan la Puerta Grande sobre los hombros de los enloquecidos aficionados en lo que fue una histórica tarde en Madrid. Al día siguiente el juez fue depuesto de su cargo por la felonía de haber otorgado el rabo a su paisano.

En las estadísticas del potosino se observan diez funciones en Las Ventas con nueve orejas cortadas, lo que arroja un promedio de casi una oreja por corrida; “tiro por pieza”.

México todavía sabía producir figuras internacionales; bullía entre los de seda y oro un alto sentido de la competitividad; los ganaderos tenían como religión a la bravura y los empresarios no se andaban con tantos chiqueos, actitudes que hoy tienen a la fiesta en un estado de vulnerabilidad terrible y lamentable.

No cabe, por tan grande, en esta cuartilla la importancia de los éxitos de Curro en muchas otras plazas peninsulares, la Puerta del Príncipe de Sevilla incluida. De México se puede escribir otro libro, tan amplio debería ser como para que contuviera de algún modo la remembranza sustanciosa y original de su tauromaquia.

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