Paco Camino y “Traguito”. Una de sus mejores actuaciones.

HOY HACE 59 AÑOS
Triunfa Camino con “los santodomingos”

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

31 de marzo de 1963: “La tarde se convierte en famosa para la historia de la fiesta brava y ganadería mexicanas: La asolerada dehesa potosina de Santo Domingo envía al coso del Toreo de Cuatro Caminos de la Ciudad de México un encierro compuesto con un sexteto de bureles de pelaje berrendo, por lo que, luego, la fecha se conoce como “la tarde de los berrendos de Santo Domingo”. Los restos de “Andasolo” y “Marquesita” merecieron la pleitesía del arrastre lento. Juan Silveti y José Ramón Tirado viven una corrida no muy afortunada, en tanto que el peninsular Paco Camino corta las orejas a “Gladiador” y las dos y el rabo a “Traguito”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4, 700 fechas importantes, pág. 122. www.fcth.mx).

“El niño sabio de Camas”, inmenso muletero, inteligente para entender, asimilar y practicar la lidia de reses bravas.

De Camas, Sevilla, de ahí el remoquete, pisó corteza azteca profesionalmente por vez primera en 1961. El objeto, actuar durante la campaña mexicana 1961-1962. Otros diestros peninsulares arribaron a lo que nos queda de patria aquella misma temporada para confirmar sus respectivas alternativas: “El Viti”, Juan García “Mondeño”, Joaquín Bernadó, Curro Romero y el valiente, también sevillano, Diego Puerta.

Pero el que más caló en los aficionados de México fue, sin duda, Paco Camino.

Con varios triunfos ya en su haber americano –guardó en su espuerta el rabo de “Novato” de Mariano Ramírez en el coso de Insurgentes, y perdió igualmente el trofeo de cerdas de “Catrín” de Pastejé en Cuatro Caminos, empuñando solo una oreja en seis vueltas en paralelo a las tablas-, firmó el contrato para actuar otra tarde en el edificio taurómaco “cuatrocaminero” el 31 de marzo de 1963. A la función se le agregó la propaganda de la despedida del cameño de la afición mexicana, ya que retornaría a su padre patria para darse a actuar en esa temporada.

De lo acontecido aquella tarde sobre la arena del dicho coso, existen algunas crónicas firmadas por plumas que fueron testigos presenciales del milagroso hacer de Camino ante los berrendos aparejados. Nos quedó, afortunadamente, a los aficionados que no nacíamos todavía aquella fecha, el invaluable documento fílmico, y que fue guardado y archivado de la transmisión en vivo y por televisión abierta a toda la nación, que se hizo de la corrida.

Paco Camino y “Traguito”. Una de sus mejores actuaciones.
Paco Camino y “Traguito”. Una de sus mejores actuaciones.

Apenas soltado de toriles “Traguito”, ejemplar cirrraplaza, en el tercio se apersonó un “espontáneo”; gracias a la vida que éste solamente pudo dar un muletazo de hinojos en el tercio, porque rápidamente uno de los subalternos se le fue encima frustrando sus impertinentes e indeseables intenciones.

El bicorne se mostró evidentemente suelto y con un trote no muy promisorio; sin embargo, Camino pronto le empapó en los vuelos de su tela rosa y luego cerró el compás para torearle suave y bellamente con varios lances que firmó con revolera.

No esperando a que los jinetes intervinieran para hacerle sangre al adversario, volvió a desplegar su capote y dejó en el anillo una breve, pero hermosa muestra de “sus chicuelinas”.

Al iniciar el tercio final, el bovino continuó mostrándose abanto y embistiendo descompuesto; pero entonces el ibérico se dedicó, atingentemente, a meterlo en la muleta. El de Santo Domingo no ofrecería pelea sino en el tercio; y ahí surgió una primera serie de derechazos suntuosos, templados y aleccionadores.

Si ya lo había enseñado a embestir por el cuerno derecho, otro tanto hizo por el siniestro para que llegaran los naturales formidables.

Hubo temple, dimensión, suavidad y arte en el toreo en redondo, con el que fue sometida la berrenda res.

Hecha, cuajada la pieza y con la clientela al borde de las gradas, cuando no de pie, y el albero cubierto de objetos como pleitesía a la formidable faena del sevillano, éste se perfiló con el alfanje empuñado en la zona del tercio; se fue por derecho y cobró una estocada al volapié digna de lo que había labrado con la capa y la muleta. La locura fue aquello y, en medio de la catarsis, Camino izó el de cerdas del bovino para así firmar una de sus mejores actuaciones, no solo de su incursión en México, sino en el de todos los ruedos que pisó.

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