Silverio Pérez, de inexplicable expresión artística podía, sin embargo, con toros enrazados.

HOY HACE 82 AÑOS
El Faraón de Texcoco desoreja a “Pizpireto”, encastado burel de La Punta

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

7 de abril de 1940: “El Faraón de Texcoco”, Silverio Pérez vicela una faena sensacional sobre el círculo arenoso del Toreo de la Condesa, fue a “Pizpireto”, toro criado en los pastos jaliscienses de la gloriosa dehesa de La Punta, al que corta las orejas; en triunfal acción, el diestro texcocano recorre el anillo varias veces, una de ellas acompañado del criador, Don Francisco Madrazo Dávalos”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, La historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 133. www.fcth.mx).

El misterioso coletudo de Pentecostés registró en su hoja biográfica desagradables episodios con toros punteños. Su alternativa en Puebla fue con un encierro punteño. ¡En mi vida me había topado con toros tan grandes y broncos como los de La Punta en Puebla; ¡salí del paso como pude, verdad de Dios! Con palabras más, con palabras menos, “El compadre” definió aquel suceso.

Igualmente, la cornada más seria de que fue víctima se la infirió “Zapatero”, otro bovino de La Punta que tiene su historia con los vaqueros dentro de los feudos punteños.

Aquella tarde del 7 de abril de 1940, Silverio se entroncó con el burel del triunfo.

La vida siempre te da revancha.

“Pizpireto” está en el rincón de honor de la casa ganadera por su casta, codicia y bravura –cuando éstas virtudes sí eran apreciadas por la afición en el toro de lidia-, y la faena del hermano de Carmelo, en dorada foja de la historia de la fiesta brava nacional.

Silverio, torero de expresión artística inexplicable, podía, sin embargo, con toros enrazados. Este fue el caso con “Pizpireto”. Pero pocos años luego vendría otro bloque doloroso y ligado a La Punta.

“Zapatero” hizo ver su suerte a los centauros cuando llegó el momento de arrearlo, junto con sus compañeros escogidos para completar el encierro, del potrero en que por años pacieron tranquilamente. Días y días hubieron de

volver los de sombrero ancho y, no siendo suficientes para la “astucia” del burel, se hicieron escoltar por un conjunto de valientes de a pie, ya que el bicorne se amogotaba fácilmente. Llevaban una faja aquellos, similar a la de los picadores o la de los monosabios. Platicaba deliciosamente don Pedro Chávez, caporal de la dehesa. Hubo alguno de las infanterías que experimentó la primitiva furia de la bestia, cuando el pitón enganchó la faja y se lo llevó “abriendo brecha” entre nopales, huizaches y demás breñales. Un triunfo fue el, por fin, meterlo a la corraleta donde por tres meses se le daría buen forraje; entre ese, mezquite molido.

Los carteles impresos anunciaban para el 13 de febrero de 1944 en el Toreo de la Condesa a “El Soldado”, Silverio Pérez y Carlos Arruza con seis cromos de La Punta.

El “tormento de las mujeres” tuvo presentimientos, premoniciones de que algo desagradable podría ocurrirle en el coso, y tomó providencias como si no fuera a regresar con vida al seno de su familia.

Por segunda vez en la tarde, metidos ahora en la función, se abrió el portón de las incertidumbres y apareció el primer toro del lote de Silverio. Era “Zapatero”, negro, imponente y con resabios muy claros en su comportamiento. Viendo esta inconveniencia, ni “El soldado” ni Arruza lograron hacer un quite.

Tomada la muleta, Silverio aplicó tres doblones castigadores; luego se le observó un derechazo milagroso, pero en un cambio de mano por la espalda el bicorne se venció y le alcanzó las carnes. Llevado a la enfermería, fue explorado y este es el parte técnico que los galenos Javier Ibarra, Rojo de la Vega y Herrera Garduño firmaron: “Una herida en la región inguiloestrafrontal derecha, con exterización de testículo, presentando tres trayectorias: una hacia arriba que llega hasta la fosa iliaca externa interesando la piel, tejido celular subcutáneo, aponeurosis, desgarrando los músculos y el tejido celular subperitoneal. La segunda hacia afuera, que llega a la cara externa del muslo y la tercera, que llega al tercio medio del muslo interesando tejido celular subcutáneo y aponeurosis y fibras musculares con 22 cm. de extensión. De no presentarse complicaciones, tardará en sanar 45 días.

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