El toro de Piedras Negras: “personalidad” y comportamiento únicos…

HOY HACE 93 AÑOS
Se lidian “Piedras Negras” en el coso ibérico de San Sebastián de los Reyes

Sergio Martín del CampoCronista Taurino
Sergio Martín del Campo
Cronista Taurino

21 de julio de 1929: En San Sebastián de los Reyes, España se lidian cuatro toros de la dehesa mexicana de Piedras Negras, Tlaxcala”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, www.fcth.mx, pág. 331).

Al escuchar el título de Piedras Negras los aficionados se inoculan de emoción y los matadores de hoy, en su mayoría, lo repelen. Para lidiar Piedras Negras “hay que trabajar”.

De las cuatro columnas de la formación de la ganadería brava mexicana, una es la familia González, justamente, constructora de Piedras Negras.

Con los dedos de una mano se pueden contar las dehesas aztecas que han lidiado en España: Piedras Negras –la primera-, San Mateo y San Miguel de Mimiahuapam, a saber.

Aquella tarde referida en la efeméride, actuaron Marcial Lalanda, Joaquín Rodríguez “Cagancho”, el hidalguense Heriberto García, Manolo Bienvenida y el novillero norteamericano Sidney Franklin. Los hierros que completaron la partida de reses –ocho- fueron de Leopoldo de Clairac y Antonio Flores Íñiguez, que aportó un utrero.

Del juego que manifestaron los “piedrenegrinos” lo ofreció el diario ABC de este modo: “Se lidiaron cuatro toros mejicanos (Sic.) de Piedras Negras, de los que dos resultaron mansos y burriciegos y dos bravos y de excelente lidia”.

La historia de Piedras Negras, nombre ya imponente, está entramada de romance, pasión por el campo, magia, profundidad, ardor y robustez.

La inteligencia para desarrollar y conquistar el laberinto de la genética del toro de lidia se encuentra en las seis generaciones que han sostenido hasta hoy la vigorosa dehesa.

El toro de Piedras Negras: “personalidad” y comportamiento únicos…
El toro de Piedras Negras: “personalidad” y comportamiento únicos…

Las vacas criollas de Zacatepec y los toros padres de San Cristóbal la Trampa con que se hicieron las primeras huellas históricas del criadero, fueron la plataforma genética que a golpe de recias labores se transformaron en el toro original “Piedras Negras”. Un toro de Pablo Benjumea, primer semental español en padrear en los potreros, uno más de Miura y 9 de Murube, a más de vientres y sementales del Marqués de Saltillo, regaron su sangre generosamente y sus genes resultaron de formidable utilidad en el complejo entramado de la formación de tipo y genotipo de los pupilos de esta gloriosa divisa.

Muy pocos ganaderos en México han alcanzado el alto y dorado logro de criar toros con “personalidad” única. El burel de Piedras Negras es cárdeno y entrepelado en su mayoría, largo, acucharado o bien puesto de cuerna, finos de diamantes a rabo, de alzada media; la raza y la bravura por delante…

Don Leonardo Páez, una de las plumas taurinas más serias y profundas del México actual, hizo a la letra esta reflexión acerca de Piedras Negras: “… Las ideas que sostenían el pensamiento ganadero de Raúl González, trasmitidas por cuatro generaciones y conservadas hasta el día de hoy por su hijo Marco Antonio, son claras e intemporales: la bravura, no la sosería repetidora, como condición para la emoción en el tendido y sinodal riguroso para el torero. Por ello en las décadas recientes, caracterizadas por el maternalismo empresarial y los abusos de apoderados, los diestros que figuran empezaron a hacerle el asco a la divisa rojinegra de Piedras Negras. Sólo que ese rechazo a las dificultades de la bravura y la preferencia por la comodidad y las embestidas de entra y sal han dejado a la fiesta de los toros en una posición de vulnerabilidad sin precedente”. (Hernández González Carlos, La Legendaria Hacienda de Piedras Negras, Su gente y sus toros; primera edición, noviembre de 2012, Carlos Hernández González, pág. 20).

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