Sergio Martín del CampoCronista Taurino

HOY HACE 93 AÑOS
Se presenta en la Ciudad de México “Cagancho”

2 de diciembre de 1928: Se presenta en el DF Joaquín Rodríguez “Cagancho”; el gitano hace dos magníficas faenas, en especial a “Polvorín” de La Laguna. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4, 700 fechas importantes, www.fcth.mx pág. 494).

Efectivamente, el diestro gitano, autor lo mismo de genialidades que de ridículos muy de su corte y carácter, presentaba sus modos de practicar la tauromaquia ante la afición de la capital en lo que nos va quedando de patria. Nuestra sociedad taurómaca, sensible en aquel entonces a toda manifestación artística del toreo, le acogió con los brazos bien abiertos.

Joaquín vio la primera luz del planeta en el afamado y célebre barrio de Triana, en Sevilla. Fue miembro de un linaje extenso de artistas gitanos; su abuelo Manuel Rodríguez García “Cagancho”, de quien heredó el mote, fue un destacado cantaor.

Con un primo célebre que tuvo, Gitanillo de Triana o Curro Puya, aprendió las primeras lecciones del toreo.

Para 1923 debuta en público, fue en el coso de San Fernando, Cádiz en donde, según crónicas de la época, toreó muy bien, pero mató muy mal.

Continuó su carrera y obtuvo triunfos importantes, sobre todo en plazas como Sevilla, Barcelona y Valencia.

Tres funciones en la plaza de la segunda ciudad mencionada le abrieron los portones de Madrid, a donde va a presentarse el 5 de agosto de 1926. “Y es la corrida que le consagra. Su toreo de capa, sobre todo, produce asombro; su gracia, su majestad, su quietud, su temple, levantan en el público madrileño esas ovaciones que solo oyen los grandes toreros”. Dice Cossío en referencia a aquel debut en la capital ibérica.

Para el 10 de septiembre retorna a Madrid, pero ahora solo para ser cornado de modo severo.

Luego de aquel percance no torea más en el rango novilleril; al año siguiente, 1927, sí que vuelve al coso madrileño, pero ahora para ascender al escalafón

de los matadores. El 17 de abril Rafael Gómez Ortega “El Gallo” le apadrina y le cede a “Orejillo”, toro quemado con la figura ganadera de Carmen de Federico; esto ante la mirada testificante de Manuel Jiménez “Chicuelo”.

Nada tarda en regresar a Madrid, ahora para ratificar su investidura, fue el 22 de junio; Victoriano Roger “Valencia II” le apadrina y Marcial Lalanda atestigua el protocolo; “Naranjo” fue el que le tocó en suerte, procedente de la vacada de María Montalvo.

Ahí comienzan sus más destacadas tardes al igual que sus más sonoros fracasos, un estigma que le acompañó durante toda su carrera profesional.

A partir de su presentación en México, hubo un mutuo enamoramiento entre él y la afición; a grado fue el amalgamiento que vivió en nuestro país por largas campañas. Aquí se hizo cargo de una dehesa y a los ochenta años de edad se presentó su defunción; según algunas fuentes, el último día de 1983, según otras, el primero de 1984.

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