LA TIARA PONTIFICIA PARA RODOLFO GAONA.

Muy pocos aficionados a la Fiesta Brava saben en la actualidad que el torero leonés Rodolfo Gaona Jiménez, fue ungido con una Tiara Pontificia para designarlo Sumo Pontífice del Toreo, o lo que es lo mismo, el Papa del Toreo en México, lo cual aconteció en la capital de nuestro país la tarde del 14 de enero de 1923 en el desaparecido coso del Toreo de la Condesa, donde torearon mano a mano Rodolfo Gaona y Marcial Lalanda lidiando un encaste de San Diego de los Padres.

El acto pontifical de Gaona se registró después de que lidió al tercer toro de la tarde de nombre “Sangre Azul” al que le cuajó una de las mejores faenas de su vida y le cortó las dos orejas y el rabo.

Después de que Gaona, con las orejas y el rabo de “Sangre Azul”, dio varias vueltas al ruedo, se plantó en los medios, montera en mano, para agradecer al público su entrega y cariño siendo despedido con otra soberbia ovación.

Habiéndose ajustado la montera, llegó hasta él Carlos Villegas uno de los muchos admiradores de Gaona y fundador de una peña taurina con el nombre del diestro leonés, el cual saltó al ruedo portando en sus manos una lujosa Tiara Papal que le entregó al torero.

Ante el inesperado acto se desbordó otra nutrida ovación y Gaona despojándose de la montera, se colocó en la cabeza el llamativo atuendo clerical ante la algarabía popular.

El director de la banda de música del coso capitalino, contagiado por la inmensa alegría de los aficionados, se pasó por entre las piernas el decreto presidencial de no tocar las notas de nuestro himno en actos ajenos a los de carácter oficial y ordenó a sus músicos interpretar el Himno Nacional Mexicano, en honor al torero nacido en León, Guanajuato.

Años antes, el 24 se octubre de 1908 a José de la Loma, periodista y crítico taurino madrileño que firmaba sus notas con el alias de “Don Modesto”, se le ocurrió en su crónica publicada el 24 de octubre de 1908, nombrar a Ricardo Torres, “Bombita”, Sumo Pontífice del Toreo y a Rafael González Madrid, “Machaquito” su Cardenal Secretario.

El mismo cronista fue quien le puso a Manuel Mejías Rapela “Bienvenida”, el adjetivo de “El Papa Negro del Toreo” ya que para él, el verdadero Papa o “Papa Blanco” era Ricardo Torres “Bombita” Jefe de la Iglesia Taurómaca.

Sin embargo, ninguno de esos diestros denominados “Papas” o “Cardenales” fue ungido con tiara alguna y fue Gaona, quien ataviado con su terno bordado en oro lució por primera y única vez una Tiara Papal en el ruedo.

Pero no es a Rodolfo Gaona al único torero al que le han tocado el Himno Nacional Mexicano, el hecho se repitió en la ciudad de Orizaba, Veracruz homenajeando al diestro de Aguascalientes Alfonso Ramírez “El Calesero” la tarde del 19 de enero de 1946, en la ya desaparecida plaza El Toreo de Orizaba, actuando al lado de Manuel Rodríguez “Manolete” y de Fermín Rivera, lidiando un encierro de Matancillas, propiedad de los hermanos Francisco y José Carlos Madrazo.

La ley para los directores de las bandas de música en ambos casos no fue aplicada como es debido, ya que con Gaona las autoridades decidieron no multar ni castigar al responsable de la irreverencia, mientras que en el caso de “El Calesero” al director de la banda lo encarcelaron, además lo multaron con una fuerte cantidad de dinero y le prohibieron estar al frente de sus músicos cuando “El Calesero” toreaba en la plaza de Orizaba.

Por cierto que la Tiara Papal de Gaona se encuentra en el Museo Taurino integrado por el doctor Marco Antonio Ramírez en la ciudad de Morelia, en el Centro Cultural y de Convenciones Tres Marías.

EN LA PLAZA MÉXICO SE RECORDÓ AL TORERO POTOSINO PEPE LUIS VÁZQUEZ.
Un minuto de aplausos se tributó el domingo 26 de octubre en la inauguración de la temporada grande de la Plaza México al diestro Pepe Luis Vázquez, quien falleció el pasado domingo 12 de octubre. Bien por el Juez de Plaza michoacano Jorge Ramos.

El triunfador de la tarde fue Octavio García, “El Payo”, que se llevó en la espuerta tres orejas, una de su primer toro y las dos del segundo, salió a hombros de la plaza.

Por su parte ni Morante de la Puebla ni Diego Silveti lograron entusiasmar al respetable, pese a que Morante regaló toro.

Los siete astados del hierro de Barralva fueron bravos y de claras embestidas, Morante de la Puebla en los dos de su lote estuvo desangelado, con el de regalo se esmeró, cuajó tandas de derechazos que le fueron coreadas pero estuvo fatal con la espada en los tres toros, recibió un aviso en su primero, otro aviso en su segundo y dos más en el de regalo.

Diego Silveti con el capote en su primero tuvo algunos destellos, con la muleta dejó mucho que desear y con la espada le hizo la competencia a Morante de la Puebla. En su segundo pese a las buenas condiciones del toro no lució ni con capa ni con muleta, se puso muy pesado con la espada de matar lo mismo que con la de descabellar y escuchó un aviso, fue despedido de la plaza entre silbatinas.

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