LO CUENTA PLA VENTURA: EL AUTOBÚS ESTÁ LLENO

Leo por los medios las quejas que se formulan ante la ausencia de algunos toreros en las principales ferias del inicio de la temporada y, no caben los lamentos ante lo expuesto ya que, como miles de veces dije, el toreo no es otra cosa que un autobús que, cuando está lleno no caben más. Y en el citado vehículo que es el toreo, para colmo de los males, tiene muy pocas plazas, por tanto, los demás, a esperar para una próxima ocasión. Es triste lo que digo, pero es una realidad que aplasta.

Insisto en lo que expongo que, lo he repetido miles de veces. En el toreo no vale aquello de ser mejor o peor torero para, según valores ocupar el puesto que a cada cual le corresponde. Todo es mentira y, debemos de acostumbrarnos, en este caso los toreros que, para triunfar, como condición indispensable, ésta no es otra que los demás quieran; méritos hay que tenerlos, pero éstos no serán nunca el detonante para que un torero funcione en las ferias.

Cuando analizo esta cuestión, lo juro, me entran ganas de llorar de forma desconsolada porque, no existe remedio para este mal. Podremos rasgarnos las vestiduras, llorar, patalear y rabiar como un perro pero, la realidad es la que tenemos.

Si de ausencias hablamos, en Valencia tenemos el claro ejemplo de la injusticia que, si se me apura no es tal; lo digo porque los puestos son los que son y, para mayor desdicha, lo que sobran son toreros; digo que sobran en el sentido de que los tenemos por doquier para confeccionar muchos más carteles de los que se montan. Para colmo, en algunas ferias, los señoritos actuales no contentos con una actuación en estas primeras ferias, acuden a dos tardes, caso de Manzanares en Valencia y Morante en Olivenza, para quitar un posible puesto que hubiera podido ocupar otro compañero y si pensamos que Morante, por ejemplo, actuará cinco veces en Sevilla ya podemos imaginarnos el futuro de otros chavales que, auspiciados por sus éxitos, pese a los mismos, se quedan sentados en sus casas. Algo ha cambiado y para mal cuando, como pudiera ser el caso de Ginés Marín, que salió el chico por la puerta grande de Madrid en la última feria y, verse compuesto y sin novia debe ser horrible.

Cuando pienso que hace unas décadas, no muchas, un torero triunfaba en Madrid y firmaba setenta tardes para la temporada, luego dependería de él de lo que hiciera para seguir el devenir marcado pero, esa oportunidad la tenían todos. La metamorfosis que se ha producido en el toreo no la entiende ni Dios pero, la triste realidad es la que digo. ¿Soluciones al respecto? ¡Ni una!

Mucho mérito tiene ser torero. Y cualquiera podría pensar que dicha virtud es debido a la profesión en la que un hombre se juega la vida frente a un toro; pero no, el gran valor estriba en saber que por muy buen torero que uno sea, como los demás no quieran ese título no sirve para nada. El gran problema viene en los despachos donde hay que lidiar ese “toro” ilidiable, razón por la que desde hace ya bastantes años perdemos a toreros valiosísimos porque, dicho en cristiano, no todos los toreros están dispuestos a esperar veinte años, -caso de Diego Urdiales- para ser reconocidos, admirados y, lo que es mejor, contratados.

Si alguien pensaba que Curro Vázquez haría milagros se habrá llevado una sorpresa mayúscula, lo digo en el sentido de que los toreros a los que apodera, podrá meter a uno en los carteles pero los otros le preguntarán porque uno sí y los demás no. Una disyuntiva muy difícil de explicar para el apoderado de Linares que, en su momento ya fue una víctima de las circunstancias a las que aludo. En definitiva, son equis puestos los que se necesitan, muy pocos, esa es la verdad mientras que, como sabemos, tenemos a docenas de toreros válidos que nunca les dejarán triunfar. Paciencia, muchachos, no cabe otra alternativa.

Incluso para este hombre, Manolo Escribano, que se juega la vida como nadie y, apenas le dejan subir en el estribo.

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