Bernarda Muñoz

Existen momentos en los que no se sabe si salió de una novela, y por la Puerta Grande, o se metió en ella para darle mayor vida, igual, por el espacio de la puerta mayor.

“Escurrido de carnes”, de notado pelo largo casi desaliñado, cubierto el torso con saco formal, enorme seda enredada al cuello, sombrero de palma y lentes de alta graduación, de los llamados coloquialmente “fondo de botella”, deambulaba en todo sitio que fuera taurino y en todo lugar que despidiera olor a bohemia. Un tipo casi extravagante. Se llama Jesús y se apellida Muñoz; apodado “El Ciego”, en atención a su formidable miopía. Vive, aún con más intensidad si se puede. Su partida física le ha engrandecido.

Hay personas sensibles en el medio taurómaco. Ellas, conscientes, se han preocupado de difundir y poner a las ráfagas de luz las aportaciones a la fiesta brava que hizo “El Ciego”. Ahora se habrán de aquilatar mejor, en su real dimensión. Una de ellas es Bernarda Muñoz, hija del personaje que hace parte central de la presente cuartilla.

“Mi luz, manito”, era la frase de guerra de este estupendo “ciego”; la lanzaba a torerillos, novilleros y matadores, así famosos como otros en vías de serlo. No distinguía en ellos otra condición que la de ser actores de los redondeles. Con esa máxima “reclamaba” el dinero que “le debían” por haber propagado sus actuaciones en las plazas. Sus notas aparecían publicadas en múltiples rotativos de circulación nacional. Así formó lo que puede ser la primera agencia de noticias taurinas de nuestra patria.

Vivió intensamente, con las alas del alma completamente desplegadas y sin temor a nada.

Rico fue sin duda su paso por esta vida. Apasionado, taurino hasta la última de sus células. Sensible e ingenioso también escribió poemas, que declamaba en toda oportunidad, y corridos. Auténtico personaje que condensó una enciclopédica existencia digna de ser conocida, ahora, por medio del papel y la tinta. Es cultura taurina. La fiesta no solo son los toros, los toreros y las faenas; comprende todo un cosmos inacabable, sin límites y sin pobreza.

Este lunes, 25 de abril, fecha grande de la Feria de San Marcos, con la frescura que regalan los muros de la Plaza Monumental hidrocálida y alrededor de la mitad del día, fue presentado a las fuentes de comunicación especializadas en la tauromaquia, el libro “Memorias de un ciego visionario”, autoría, justamente, de Bernarda Muñoz.

Al templete subieron la acotada, el matador de toros en el retiro César Pastor, y el licenciado en historia Adrián Sánchez. Por su cuenta corrió la presentación de este encuadernado que recorre la apasionada vida de Jesús Muñoz. La tercia habló desde su personal experiencia con el protagonista del libro. El coletudo le conoció y le tocó, por su puesto, darle su luz, entre otras relaciones que bulleron en el centro del ambiente taurino. Sánchez, amante de la lectura, especialmente la referente a los toros, recomendó ampliamente la obra. Muñoz, como su hija, colaboró en su escritorio de su oficina, atiborrada que estaba de montañas de periódicos. Nadie mejor que ella para reseñar desde la entraña el desenvolvimiento de semejante personaje.

Presentes estuvieron los miembros de algunos medios de comunicación, entre otros personajes del ambiente, que recordaron anécdotas chispeantes con el “Ciego” y con “su marca”.

Ahí está pues, un libro que no debe faltar en ningún anaquel de todo el que se precie de ser taurino.

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