MUCHAS OREJAS E INDULTO, PERO SÓLO UN TORERO: ZAPATA

Domingo 14 de diciembre del 2014
Octava corrida de la temporada de la Plaza de toros México
Toros: Siete de José María Arturo Huerta. Desiguales en presentación y juego. El que regaló El Fandi fue indultado.

Toreros: Federico Pizarro, a su primero lo mató de entera en buen sitio. Le concedieron una oreja que fue protestadísima. Al cuarto lo despachó de entera caída: silencio.

Uriel Moreno “El Zapata”, al segundo de la tarde lo pinchó en la suerte de recibir, luego le pinchó de nuevo en lo alto y después le pegó una media en muy buen sitio: al tercio con fuerza. Al quinto le pasaportó de un estoconazo: dos orejas. El segundo apéndice fue pitado por el respetable.

David Fandila “El Fandi”, al tercero lo descordó y fue abucheado. Al sexto le endilgó un feo espadazo a medio lomo: silencio. Regaló un séptimo, al cual logró indultar entre merecida división de opiniones.

Hoy se hicieron presentes en la plaza unos cinco mil paganos, una de las peores entradas de la temporada. La corrida tuvo de todo, desde el toreo serio hasta el toreo bufo.

Federico Pizarro, el primer espada, estuvo desconfiado con el que abrió plaza. Le pegó tres mandiles buenos y una media encomiable. Luego, entre las calistenias absurdas del Fandi mientras picaban al bicho, Federico decidió no arrimarse mucho. Hubo algunos naturales de buena factura, pero el toro estuvo por encima de su matador.

En el cuarto lució con el capotillo en chicuelinas modernas y antiguas. Ese animal anovilladito y malo no permitió lucimiento alguno en el tercio de muleta. La gente se metió con el coleta capitalino cuando éste alargó el trasteo sin ton ni son.

El Zapata estuvo enorme. Da mucho gusto ver a un torero tan entregado y con tanto sitio. Quizá el público ya no valora los dos primeros tercios, lo cual es una lástima. Uriel Moreno nos regaló excelentes momentos con capote y banderillas. Al segundo cornúpeta tlaxcalteca, Zapata lo recibió con verónicas y chicuelinas de gran suavidad. Remató esos lances con un manguerazo de Villalta, algo que no se ve ya casi nunca.

César Morales, el mejor picador de México y otros universos taurinos, se lució toreando con el caballo y la gente le sacó al tercio por el gran puyazo, algo que tampoco es cosa de todos los días. Uriel tomó los palos y después de dos buenos pares, uno al violín y uno al sesgo por dentro, puso el Monumental en tablas, algo que provocó que los aficionados se pusieran de pie y aplaudieran a rabiar.

Con la muleta se entretuvo en pegarle espléndidos doblones rodilla en tierra al morlaco. No se ha visto aquí una cosa parecida en años. Había que ver la dimensión y el aguante en cada muletazo.

Desgraciadamente, el toro se desinfló, y aunque el diestro de la tierra de Dios y de María Santísima le dio la lidia perfecta, los resultados fueron pobres y aislados. Citando a recibir, Uriel se llevó un golpe tremendo en la cara: el rumiante se defendía como los buenos. No obstante, la gente reconoció lo importante de la faena y sacó al Zapata al tercio.

Mejor estuvo Uriel en su segundo, un animal débil pero colaborador. Con el capote vimos largas cambiadas de rodillas, lances a una mano y espectaculares recortes lagartijeros. Zapata tomó los rehiletes y ha clavado un par Monumental más Monumental que todos. Ahí en los medios le dio todas las ventajas al toro y puso las mejores banderillas que hemos visto en décadas. La vuelta al ruedo fue apoteótica. No contento con eso, Uriel ejecutó un par de poder a poder y a continuación uno al violín al sesgo por fuera, que todavía resulta inexplicable por la exposición y la entrega.

Tomó el trapo rojo y se cambió al astado por la espalda hasta en tres ocasiones. Hubo naturales de figura del toreo y una estocada entregándose que valió el abono. Cierto sector del público protestó la rauda concesión de las dos orejas, pero, como gritó alguien de Sol, si a Pizarro le habían dado un apéndice, entonces Zapata merecía el rabo y las cuatro patas del de José María Arturo Huerta.

¿Qué le puedo decir de Fandila? ¿Que es un gran clown? ¿Que engatusa al villamelonaje? Pues sí. Este hombre nunca ha aprendido a torear, ni aprenderá. Sus faenas eléctricas, lejanas y efectistas emocionaron a los badulaques, pero los momentos decentes fueron muy escasos.

Saltándose el reglamento a la torera, después de haber naufragado con sus dos toros de la lidia ordinaria, instantes antes de matar al sexto regaló un morlaco más, y le salió el torito de la ilusión.

Despatarrándose más que Juli, con más precauciones que Aparicio chico y con menos clase que casi todo el escalafón, El Fandi le pegó trapazos mil al nobilísimo bicho. El populacho pidió el indulto y éste fue concedido sin mayor trámite. Pobre plaza México.

Siempre ha habido toreros serios, de los que vienen a jugarse la vida con alegría y sitio; y siempre ha habido embaucadores vestidos de luces. Zapata es de los primeros y el esquiador granadino es de los segundos.

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