MURIÓ AMÉRICO GARZA GARCÍA “ROMERITA”.

Tarde nos llega la mala noticia que el matador de toros regiomontano Américo Garza García, apodado como “Romerita”, falleció el pasado fin de mes en su tierra natal. Américo contaba con 85 años de edad, nació el 15 de septiembre de 1930.

Dada la amistad que tenía con don Paco Aparicio y su hija Juanita, es que se inicia en el ámbito taurino y lo llevan a las plazas donde actuaba la jovencita que llegó a cortar un rabo en la mismísima plaza México. Al paso de los meses logra debutar en su terruño por el mes de agosto de 1952 y ganarse el apoyo de los asistentes y de importantes taurinos que de inmediato le tendieron la mano para acreditarlo por plazas de la región y así sumar una buena cantidad de festejos que lo dejaron listo para empresas mayores.

Su buen quehacer, ya lo decía, le permite presentarse en la Monumental México el 19 de abril de 1953 al lado de Julio Ortiz, Héctor Mier, Rodolfo García, Raúl Spíndola y Felipe Manrique, lidiando 6 de Milpillas. El 10 de julio de 1955 alterna con Héctor Luquín y Rubén Aviña y le corta el rabo a “Jazmincito” de Peñuelas. Repite a la semana siguiente y los de Torrecilla no dan paso al lucimiento de la tercia. Retorna de inmediato con los de Pastejé que también presentan dificultades, no así los de Coaxamalucan tarde en la que abandona el coso con la oreja de “Urraco”.

El éxito le acompaña, ello llama la atención de Rafael Sánchez “El Pipo”, quien andaba en nuestra república, apoderaba a José Ramón Tirado, y le invita a cruzar el océano asegurándole una buena cantidad de festejos, lo debuta en la plaza madrileña de Vista Alegre a mediados de 1957, donde sale con un auricular y causando la buena impresión que le da a sumar seis tardes más, lastimosamente las relaciones taurina entre los dos países se rompen y hubo de regresar a casa.

Al año siguiente, el 8 julio en la plaza de toros “Guadalupe”, se decide a tomar la alternativa de manos de Rafael Rodríguez y Joselito Huerta con astados de El Rocío, y así, poco a poco, se fue desanimando para continuar peleando lo que las empresas le querían condicionar, optando para embarcarse a la aventura de acompañar a un pequeño grupo de paisanos a torear en improvisados ruedos japoneses. A su retorno prefirió tomar otros derroteros y dedicar más tiempo a la pintura.

A las cinco de la tarde del pasado domingo sus cenizas se depositaron en el cementerio Valle de la Paz donde descansa ya. La vida sigue, él cumplió su ciclo, a nosotros no nos queda más que despedirnos con el acostumbrado… Nos Vemos.

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