NOVILLERO MUY FINO ES JOSÉ MARÍA HERMOSILLO

Cuando este fin de semana el cielo se cayó en pedazos, se obligó la empresa a posponer la cuarta de la temporada para este miércoles a las ocho de la noche, una vez escondido el rey de los astros; ello, incluso, redujo la entrada a tres curatos del aforo del viejo y estimado coso San Marcos.

Fuese por las inconveniencias del lodoso piso de las corraletas o por no muy buena reata, del ganado soltado, quemado con el hierro de Caparica, solamente el tercero ofreció excelente juego con recorrido, clase y bravura, virtudes que lamentablemente no fueron aquilatadas por el juez, quien obtuso o ciego no ordenó para sus restos el arrastre lento cuando sobradamente lo merecía. Sexteta de animales variada de tipo y más bien mal e irregular juego.

Quien centró para sí la atención de la atmósfera toda de esta novillada, sin menosprecio de los otros dos actores, fue el joven aguascalentense José María Hermosillo; razones dio: clase, empaque, personalidad y exquisito trazo.

La presentación de Jesús Enrique Colombo (palmas y al tercio), venezolano de cuna, en este escenario, pasó por capoteros detalles, un espectacular y desaforado segundo tercio y un quehacer muletero decoroso en el que transparentó estilo, escuela e ideas claras pese a tener un cuadrúpedo sin clase, reservón y tardo al que mató con un espadazo delantero y caído. Es verdad que el fondo de su toreo es la escuela, básicamente ibérica, pero le falta refinamiento y expresión a su hacer. Por ahí algunas verónicas amplias, clavó banderillas a rajatabla y con la muleta muchas composturas, bastante deseo y escaso proyecto como para lidiar y sujetar a un novillo manso que en todo tiempo salió suelto y en busca del amparo de las maderas y al que mató recibiendo de fea estocada a modo de golletazo y una más muy bien colocada.

Armonía y acomodo logró Nicolás Gutiérrez (al tercio tras aviso y palmas tras aviso) al veroniquear, sobre todo por el derecho cuerno, y por ese mismo flanco tandas bien armadas, templadas y toreras, ello ya con la muleta armada, sacando el mayor provecho de un animal que apenas si podía pasar, haciéndolo lentamente y con la testa en alto. No dejaron de vérsele fabulosos naturales antes de que no atinara a matar sino hasta el tercer intento y tres descabellos.

Entusiasta y variado se abrió de capa para con su segundo; llegado el ultimo tercio el novillo sacó descastamiento y falta de raza, pero esto no obstó para que, con el basamento de la entrega y notada disposición, cuajara, aunque sueltos, muletazos de bastante sabor y por ambos lados, cerrando su decorosa actuación con una estocada delantera y varios golpes con el verduguillo de cruceta.

Amable fue la fortuna de José María Hermosillo (palmas y oreja) al concederle el halago de que para esta su presentación en el coso del barrio de San Marcos le tocara un excelente utrero, bravo, noble y con clase superlativa ante el que dejó ver muy buenas maneras y envoltura de torero caro. Decoroso y variado se vio al manejar la capa, y aunque ya muleta en mano dibujó pasajes bastante recordables por su temple y su interminable largueza, sí que su novatez lo dejó desnivelado, debajo de aquella estupenda res, causa fue lo que le impidió darle el sitio y la distancia correctas, acabando su labor de un espadazo caído después de haber pinchado.

De cualquier manera tiene exquisito concepto de la tauromaquia práctica. Si lo apuntó así ante el tercero, teniendo en escena a su segundo de plano lo descubrió sin complejos ni nervios; lleno de confianza manejó con delicadeza la muleta hasta iluminar el redondel, y se dio a favor del arte creando formidables conjunciones toreras a la par de las bondades del bicorne para descubrir el son del toreo en cada uno de sus clásicos muletazos. Novillero espigado, estético y estático en el que en el tiempo venidero puede haber un diestro de importancia suma. Una vez que su estocada caída y un palmo delantera no tuvo consecuencias mortales en el adversario, preparó pacientemente el descabello, lográndolo no solo de modo certero sino, como hace bastante no se veía, con belleza, cortando justamente el único trofeo de la nocturna función.

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