PÁNICO EN EL RUEDO Y EN EL CALLEJÓN Y BRAVURA “NÚÑEZ”.

En más de una ocasión suelen hablar los aficionados de la falta de casta de toros y novillos en esos festejos anunciados y celebrados en pueblos y ciudades de la geografía española. Toros con poco fuelle, escasos de fuerza, de impecable fachada pero de bravura y raza ausentes, pasando al siguiente tercio sin castigar en varas y si se hace, aplicada la puya con demasiada dulzura y suavidad para no quebrar más al animal. Bien es verdad que esta suerte, la de picar, casi, casi se está desterrando de los ruedos por esas modas increíbles y extendidas de silbar al picador nada más aparecer en su jaco para cumplir con una de las suertes que mide, potencia y fideliza la bravura en los toros.

En un pueblo murciano, Cehegín, hospitalario, medieval y bonito, no hace tantos días se ha celebrado una novillada en la que se corrían reses de José Luis Pereda, el ganadero de la Dehesilla y la Rosaleda, en una nueva aventura del ganadero tal y como quedó reflejada en las páginas taurinas del tiempo. La Rosaleda, un hierro inscrito en la Agrupación Española de Ganaderos de Reses Bravas, es un proyecto en el que llevan varios años trabajando. Lo inició, según declaró el mismo interesado al adquirir una punta de cincuenta vacas que tienen una ascendencia antigua de lo que tuvo en su día Curro Chica, un ganadero que llegó a tener una gran influencia en Carlos Núñez. Tras una profunda selección se quedaron sólo con diez de esas vacas, que echaron a sementales de la casa, con los hierros de José Luis Pereda y La Dehesilla. Las pruebas hechas en el campo han sido satisfactorias y además dice haber encontrado una línea en la que investigar y evitar también la consanguinidad.

El caso es que en la novillada de Cehegín, más noticiable por el salto de un novillo al callejón y la herida propiciada a un alguacilillo y la paliza a uno de los subalternos que recibió el abrazo nefasto del novillo saltarín, derribo al picador, achuchones a los peones, que por el resultado de las reses lidiadas demuestra a todas luces que no se da tanta importancia a lo que la tiene de verdad, que es el animal bravo.

En la novillada citada, conformada por la siguiente relación
1º.- CASTIZO, nº 124, 12/10, colorao, de La Rosaleda
2º.- SOPLONCITO, nº 120, 04/10, negro mulato, José Luis Pereda
3º.- ROEDOR, nº 157, 12/10, castaño, La Dehesilla
4º.- NOMBRADO, nº 148, 04/11, castaño, La Dehesilla
5º.- BARBALIJO, nº113, 05/10, negro mulato, José Luis Pereda
6º.- UNJALEO, nº 164, 12/10, colorao, La Rosaleda
7º.- RATERO, nº 113, 12/10, colorao, La Rosaleda
8º.- POLIZÓN, nº 60, 03/11, castaño José Luis Pereda,
Cuatro novillos fueron aplaudidos en el arrastre, otro más premiado con la vuelta al ruedo. Los diestros toreros cortaron seis orejas que podían haber sido más si los estoques hubieran encontrado los blandos. Emoción y tensión hasta el final de un festejo de tres horas de duración y la certeza de que la gente se ha divertido. Son datos y hechos reales, constatables, que sirven para medir cómo ha sido la novillada de José Luis Pereda lidiada en Cehegín. Un encierro muy completo, exigente, que, en distinto grado, contribuyó al lucimiento de los toreros y el engrandecimiento de una tarde que justifica por qué el toreo es fiesta y la gente va a las plazas.
En fin, por acabar este comentario a vuela pluma de la causa para entender exactamente la fiesta de los toros, su alegría, su vitalidad y su pervivencia es sin duda alguna la bravura de los animales como nota primordial, el cimiento en el que debe asentarse la misma y en este caso la raza Núñez como demostraron en Cehegín los animales que pacen hierbas en el pueblo onubense de Rosal de la Frontera.

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