Sergio Martín del CampoCronista Taurino

PARA QUERENCIA, APÉNDICE DE LEY, PARA PRIETO, OREJAS EXCESIVAS

Media entrada recibió en su graderío el rancio coso San Marcos de Aguascalientes. El motivo, ver y vivir la cuarta novillada de la campaña.

Del ganado se encargaron dos criaderos fincados en la entidad: El Greco y Puerta Grande. De aquel salieron cuatro (primero, tercero, cuarto y quinto) y de éste dos (segundo y sexto). De tal suerte, se conjuntó un encierro de buena presencia, aunque dispar en tipo; lo que es entendible.

Destacó en juego el soltado en tercer lugar, “Gladiador”, No. 45 y de 362 kilos; era un astado bonito de lámina, fue fijo, metía la testa con clase y sus embestidas resultaron largas, muy largas, virtudes que obligaron, en justicia, a ordenar a la autoridad que sus restos fueran sacados del escenario al paso lento del tiro de percherones.

Lo sobresaliente y verdaderamente torero de los seis jóvenes anunciados, lo hicieron Juan Querencia y Emiliano Ortega. Si las circunstancias les favorecen, no se les interpone la mafia y mantienen el paso, en ambos bullen dos toreros de importancia.

El que abrió plaza arribó al tercio muletero descubriendo tremendo poder. Como huracán pasó tras el engaño, dificultando al inexperto e inconsciente joven Jorge Esparza (al tercio por su cuenta) que pudiera realizar algo torero. Bastantes pases pegó el aguascalentense, ninguno con mando, y se llevó una serie de sustos que por verdadero milagro únicamente resultaron leves. Quede en su cuenta que no se amilanó jamás. En el segundo viaje, y otra vez obrando el milagro, logró excelente estocada.

Desde que abrió su capa Juan Querencia (oreja) declaró con rotundidad que sabe muy bien lo que es torear. El oficio es importante en la tauromaquia, y el queretano lo tiene. Pese a la debilidad lamentable de su oponente, hizo el trazo bien delineado a una faena seria, de buen gusto y estructura, terminando la vida del marmolillo con una estocada de mucha nota.

El hidrocálido Daniel Prieto (dos orejas exageradas) se ofreció en los tres tercios con entrega, espectacularidad y denuedo. Bien marcadas fueron sus largas cambiadas y variado lo que hizo de pie. Por todo lo alto dejó los garapullos, sin embargo, aunque mantuvo a la clientela entretenida gracias a su disposición, tomada la sarga se dedicó a pegar pases, algunos buenos, dejó ir a un novillo que mostró fijeza, clase y recorrido y al que, tras darle un susto, atizó caída y tendida estocada de consecuencias rápidas.

Además de la disposición, nada se le vio al menudito Gustavo García “El Solito” (palmas) como para gastar tinta. Pegó pases y pases a un fuerte bicorne que embistió poderosamente y que le cobró al chaval su ociosidad provocándole bárbara voltereta, y al que mató de media estocada tremendamente defectuosa.

Un relajo hizo en el anillo el paisano Juan del Castillo (palmas). Es un muchacho atrabancado e irreflexivo que capoteó, clavó banderillas, sufrió un revolcón por aquí, otro por allá, y al armar la pañosa pregonó que del toreo práctico tiene poca idea. Quizás, cuando module sus broncos ímpetus y empleé mejor la inteligencia, logre algo de interés. Afortunadamente mató pronto, aunque de caída estocada.

Pese a que estuvo muy mal con la toledana, el nacido en la Ciudad de México y radicado en Sevilla Emiliano Ortega (palmas), se manifestó con escuela y honda expresión artística. La sosería del melocotón no fue obstáculo para que plasmara al aire con la muleta detalles de calidad y su concepto de excelso gusto, lo que agradó por demás a los más entendidos.

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