Sergio Martín del CampoCronista Taurino

TARDE PLENA DE RODILLAZOS Y VULGARIDADES

En contrapartida de los pronósticos, en las gradas del coso Monumental de Aguascalientes se vio una concurrencia de clientes que por nada se pudo evaluar de media entrada. Con ese marco se dio la décima corrida del serial sanmarqueño.

Esta vez el turno ganadero le correspondió a la dehesa aguascalentense de San Isidro, cuyo patrón, desde la sierra fría, despachó un encierro bien presentado, completado con ocho toros cuajados, rematados, bien comidos y con varios de precioso tipo. Acudieron a los jinetes para cumplir en la suerte, y los más recargando con poder, como el quinto y el sexto, que, con su fuerza, provocaron sendos y espectaculares tumbos.

En lidia sobresalió el quinto, para el que hubo arrastre lento, mismo premio, exagerado y absurdo, que se mandó para el sexto.

Fue una función en la que abundó el público pachanguero. Quizás a éste fue dedicado el cartel. Y se divirtió “Juan pueblo”, sin duda, porque de parte de los actores hubo rodillazos, banderillas clavadas con furia, otras con cierto buen trazo, compadrazgo y compañerismo entre los coletudos, convidándose a cubrir el segundo tercio en los cuatro primeros ejemplares, y enorme repertorio de suertes, no todas bien hechas, así con la capa como con la muleta. Garrazos, chicotazos desentonados y pases desalmados se vieron a granel. Y mucho trabajó la “charanga” toda la tarde, para complacer a quienes, de cualquier modo, pagaron para penetrar al edificio de la otrora rambla “Adolfo López Mateos” que se convirtió, por lo menos en esta ocasión, en un coso “chonero”. Pocos lo respetaron.

Uriel Moreno “El Zapata” (palmas y dos orejas) es un diestro veterano que posee enromes capacidades técnicas y, sobre todo, notado conocimiento sobre la psicología de masas. Mejores actuaciones le hemos visto en otras tardes y en otras plazas. Ante su primero se le vio pintoresco y, por momentos, hasta muy torero, pero cuando enfrentó a su segundo alborotó la colmena. Se fue al eje del escenario y ahí lo saludó con cuatro largas cambiadas de hinojos. Clavó banderillas al relance, llevando los tres pares en la siniestra, y con la muleta, entre retorcijones, hizo de todo, sobresaliendo, para los taurinos,

algunas series sobre la mano derecha. Vino la estocada, dejando el arma abajo y adelante; sin embargo, fue premiado absurdamente con las dos orejas de un toro que tuvo nobleza y clase.

El granadino David Fandila “El Fandi” (palmas y oreja) es cartucho percutido. Hizo un quehacer agradable ante su primero, exhibiendo que aún retiene el buen sentido de las distancias y el tiempo de la lidia, y a su segundo le realizó una faena que poco dijo dada su humilde ligazón y carente de hondura, alargando demasiado y terminando su comparecencia de una estocada delantera y caída en la suerte de recibir.

A Antonio García “El Chihuahua” (palmas en su lote) se le inutilizó el primero de su lote cuando remató de fuerte manera en un burladero y fracturándose el pitón derecho, a la hora que se daba la orden para que iniciara el último tercio. Consciente de la contrariedad que entre el público provocó el accidente, se tiró a matar de inmediato logrando una estocada recibiendo, de formidable ejecución, aunque delantera de colocación.

En su segundo, que tiró facazos toda la tarde, se dio circense, remarcando su estilo, y pese a que estuvo bastante tezonero, también se le aguantaron rodillazos y desplantes vulgares. Nuevamente acabó matando en la suerte de recibir y dejando el alfanje delantero.

El que cerró plaza embistió a media altura y jamás se entregó a la muleta. “El galo” (oreja y palmas), a pesar de que le hizo la lucha, no pasó la división de lo superfluo e intrascendente. Lo mejor lo había hecho ya con el cuarto, primero de su lote, bicorne que no tuvo chiste. Pero el chico sureño acortó las distancias, lo aguantó, puso enjundia y acabó arrancándole excelentes muletazos de mucho mérito. Mal se le evaluó con el estoque, pues atizó un diáfano bajonazo, pese a lo cual se le premió con la oreja.

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