Sergio Martín del CampoCronista Taurino

TRIUNFA ROCA REY ANTE UNA INSUPERABLE MANSADA DE BERNALDO DE QUIROS

A la borrica arrodillada, le doblan la carga.

¿Quién, porqué y para qué? De manera abusiva se impuso otro encierro de Bernaldo de Quiros. Hay quienes se dicen corderos, y son falsos lobos carniceros. Lo dicho hasta el cansancio, la fiesta tiene a los enemigos dentro. Quédense tranquilos aquellos supuestos abogados de animales.

Ante tres cuartos de entrada en la Monumental de los Herederos de Alberto Bailleres, que hizo un público pagador, aguantador y abnegado, se desenvolvió la tercera corrida del serial taurino de San Marcos.

Para el caso ganadero, se soltó un encierro de la divisa ya acotada. Fueron seis toros con buen fenotipo de lidia, pero con alma de burros. El cotarro, enfadado de tanta mansedumbre, silvó en el arrastre y como repudio y en atención al mal juego, las reses aparecidas en segundo, cuarto, quinto y sexto turnos. Igual expresión merecía el primero, pero el público muchas veces se pasa de consentidor.

Si es que se pudiera afirmar, algo enjuagó la divisa enlodada el tercero: “Cocinero” de nombre, quemado con el No. 246 y de 506 kilogramos para el que se ordenó el arrastre lento. Roca Rey le desorejó, y así recompensó en algo el mar de mansedumbre soportado toda la tarde.

Arrancó la peregrinación de sosería un toro de pasadas melosas y huérfano de poder. Múltiples ocasiones se le doblaron las extremidades y humildemente caía sobre la arena. Pero “El Cejas” (al tercio y palmas) está toreando mejor que nunca; lo comprendió muy bien hurtándole gran partido, dando un trasteo variado en el que destacó el pase natural. La posibilidad de mayor premio se derritió por el pinchazo que antecedió a la media estocada tendida.

Su segundo también traía patas de atole; pasó la lidia más tiempo echado que parado, y por más esfuerzos que aplicó el diestro, nada logró, fuera de enfadar a la clientela por la inutilidad del indeseable y soso bicorne.

Enterado desde el principio de la debilidad de su primero, trato amable fue el que propuso y manejó ambas telas sedosamente. Diego Silveti (silencio en su lote) es un diestro ya más concentrado en el toreo que en las poses. Por encima del adversario estuvo, al que luego de arrancarle excelentes pases por ambos lados, lamentablemente no pudo matar sin antes verse apurado al usar el arma.

El quinto regateó las embestidas y fácil doblaba el tren delantero; no obstante la inconveniencia, el coletudo fue solucionando el asunto. La buena colocación, la insistencia y el temple fueron sus fundamentos, extrayéndole una faena decorosa que muy pocos aquilataron; pero mala nota dio nuevamente al empuñar la toledana.

Se equivocó esta vez el dueño del hierro, ya que el tercero ofreció buen juego en el último tercio. Con buen estilo y recorrido embistió a la muleta que Roca Rey (dos orejas y palmas) manejó con oficio, sitio y temple sobre ambos cuernos. Estuvo siempre bien colocado, pisó con firmeza el albero, hizo centrar la cornamenta en la bamba de aquella, y se hizo cinturones de toro alrededor de su figura. Y así ruecó una faena sensacional merecedora de las orejas, gallardete que empuñó luego de la estocada que, aunque tendida y pasada, ejecutó con todo el pecho.

Parece que hoy no hay toro que se resista al poder del peruano. El sexto apenas si pasaba apuradamente, sin embargo, aquel inventó un trasteo en donde parecía imposible haberlo. Provocó las series con una tranquilidad pasmosa, primero metiéndose entre la veleta percha, y luego pasándose al adversario bien cerca de la faja. Sí que se la rifó, pero demostró a la vez la inmensa mansedumbre del berrendo en cárdeno al que, por desgracia, pinchó de fea manera en dos ocasiones.

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