Empecemos por despachar asuntos relevantes de estos días. De primer orden es, de lejos, la maravillosa recuperación en la salud del subalterno y buen amigo MAURICIO MARTÍNEZ KINGSTON hasta el grado de ser dado de alta y poder abandonar el hospital luego de la cornada gravísima que sufrió el 17 de Diciembre pasado en la plaza “México”. Una vez más se confirma, como a lo largo de la historia quedó escrito, que los médicos taurinos mexicanos son los mejores del mundo y el Dr. VÁZQUEZ BAYOD y su equipo no van a la saga de otras eminencias del pasado como los ilustres médicos IBARRA, ROJO DE LA VEGA y CAMPOS LICASTRO entre muchos más en la capital y la provincia. Máximo loor a ellos y toda clase de bendiciones al torero.

Luego está la refrescante y esperanzadora actuación que tuvo IGNACIO GARIBAY el domingo en el referido coso. La faena a su segundo aportó elementos valiosos que pueden contribuir al regreso de los aficionados a las plazas.

Su toreo nos dio un sano histrionismo sostenido en el toreo sólido y legítimo. Emocionó y proyectó. Por ahí va la cosa.

Ahora le falta a IGNACIO algo que no suele hacer: asegundar.

Y digo mal. También le haría muy bien ejecutar series más cuantiosas que las de sólo tres muletazos.
https://www.krocmemphis.org/t93bgeuc

Eso es el toreo mexicano y dejarse de modas importadas de tandas cortas. Además de ajustarse un poquitín cuando torea con la zurda y procurar enfrentarse a toros, no novillos.

Si bien ese novillo que le dio el triunfo fue alegre, repetidor, emotivo, con dimensión en su recorrido; por otro lado, su embestida era de cara a media altura y un punto arisca. Hay que decir las dos cosas. No valía, por ello, un arrastre lento.

El que quizá lo hubiese merecido era el siguiente de Arroyo Zarco, el quinto, que por algo se llamó “Oro Puro”. Ese sí “araba la arena” con el belfo hasta clavar en ella los pitones y darse la “vuelta de campana”. Una embestida y un estilo perfectos. Y si en ocasiones el castaño se frenaba y derrotaba fue por culpa de su lidiador cuya muleta carecía de compás y temple. Para el juez pasó desapercibida esa suprema clase en el novillo (no es error), pero para el buen aficionado, el que sabe ver toros con independencia de los desaciertos del torero, para ese no.

PEDRO GUTIÉRREZ MOYA “EL NIÑO DE LA CAPEA” me ha privilegiado con su amistad desde hace muchísimos años. Es una de las personas más inteligentes y cordiales que he conocido. Por eso me duele tener que pedirle que no recomiende más a su hijo. No es que no sirva para el toreo.
https://www.john-kirk.co.uk/?p=71afyoah8j

Es que está negado. Perdón PEDRO senior, lo digo con pena, respeto y cariño.

Si a los alumnos de TAUROMAGIA no les enseñaron a torear, en el caso de MARIO AGUILAR se da la agravante de que carece de intuición, de cabeza de torero pues. Y contra eso, no se puede hacer nada. Una frase que le atribuyen creo que al “GUERRA”, dice “Lo que no se puede, no se puede. Y, además, es imposible”.

Hacer de vez en cuando algún detalle de finura, no basta. Lo digo sin ánimo ofensivo, simplemente con ganas de ahorrarle a MARIO tiempo en la vida.

Concluyendo con las respuestas al amigo lector JUAN JOSÉ PÉREZ CRUZ respecto a sus divergencias con mi columna “EL CUENTO”, cuando me dices “Maestro…, tiene usted todo el derecho de que no le guste (FERMÍN RIVERA), pero no demeritar lo realizado por el torero y que usted le critique acremente…”, debo recomendarte JUAN JOSÉ releer mis textos cuando me refiero a él, porque le he elogiado como el que más su fondo técnico, su oficio y sus avances. Tu afirmación es maniqueísta. Quiero decir, que según veo, parece ser que para tí las cosas sólo pueden ser buenas o malas, blanco o negro. Pero, permíteme recordarte que también existen los matices, los tonos intermedios. Y cuando SUPONES que lo critico, en realidad es un análisis con el cual procuro, sin incluir gustos personales, señalar una falta en su desempeño que, de subsanarla, muy probablemente tendremos en él a la figura que necesitamos. Si eso es malo, definitivamente YO ME CONFIESO culpable de analizar el desempeño de los protagonistas de la Fiesta procurando dar una opinión que los lleve a una superación; YO ME CONFIESO culpable de desearle a los toreros y a la Fiesta mexicana, como lo merecen, recuperar toda su brillantez y su esplendor. YO ME CONFIESO culpable de anhelar para el toreo mexicano y para las nuevas generaciones de aficionados vivir una nueva Época de Oro como la que me tocó todavía vivir en los setentas y principios de los ochentas con tendidos rebosantes, sombreros alfombrando los ruedos y pasión desbordada.

Sí para eso me atrevo, no a criticar, sino aventurar una opinión que pudiera ser útil para algún torero, algún ganadero, algún empresario, entonces YO ME CONFIESO imperdonablemente culpable.
Correo electrónico: teran.paco@gmail.com

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